Además de la infraestructura deportiva, los Juegos Suramericanos dejaron en Rafaela un recurso menos visible pero considerado clave para el futuro: personas capacitadas para organizar y trabajar en eventos deportivos de gran escala.
La experiencia adquirida durante meses de preparación y las dos semanas de competencia permitió formar equipos en áreas como organización, seguridad, salud, logística, protocolo, comunicación, atención al público y coordinación deportiva.
Más de 530 voluntarios
Uno de los principales componentes de ese proceso fue el voluntariado. En Rafaela fueron seleccionadas más de 530 personas, que se distribuyeron en más de 20 áreas vinculadas con el funcionamiento de los Juegos.
Los voluntarios recibieron capacitaciones generales y específicas en cuestiones como tecnología, salud, dopaje, kinesiología, atención primaria, comunicación, alimentación, traslados y protocolo.
Ese proceso permitió que personas de distintos ámbitos de la ciudad adquirieran experiencia concreta en el funcionamiento de una competencia internacional.
Una experiencia que puede repetirse
Después de los Juegos que el legado no se limita a las obras. La ciudad logró conformar un equipo preparado para afrontar futuros acontecimientos nacionales e internacionales y que la experiencia adquirida durante los Juegos permitirá que Rafaela esté mejor preparada para recibir nuevos eventos, habían expresados los encargados en la sede Rafaela tras la realización del balance.
El aprendizaje incluyó también la coordinación entre distintas áreas y organismos. Durante la organización participaron equipos municipales, provinciales, voluntarios, instituciones deportivas, fuerzas de seguridad, personal sanitario y diferentes actores privados.
La magnitud del evento obligó a trabajar con protocolos y niveles de coordinación que habitualmente no forman parte de la organización cotidiana de una ciudad.
La capacitación sanitaria, otro recurso que queda
El área de salud también dejó equipamiento y conocimientos que podrán continuar utilizándose. La Provincia había desarrollado un programa específico para capacitar a 300 voluntarios en RCP y atención inicial de emergencias, incorporando equipamiento destinado a la formación. Una vez terminados los Juegos, esa tecnología quedó destinada a continuar con las capacitaciones.
De esta manera, parte de la inversión realizada para preparar el operativo sanitario puede seguir teniendo utilidad más allá de la competencia.
Una ciudad que aprendió a organizar eventos internacionales
El balance realizado por el Municipio apunta a que uno de los principales resultados de los Juegos fue justamente la experiencia acumulada.
Leonardo Viotti destacó que el legado “es mucho más que la infraestructura” y señaló que Rafaela incorporó conocimientos para desarrollar eventos de nivel internacional. La mirada oficial es que esa capacidad puede convertirse en una herramienta para atraer nuevas competencias y actividades a la ciudad.
El impacto también se extendió a otros sectores. Hotelería, gastronomía, comercio, transporte, seguridad, servicios y organizaciones vinculadas a la cultura tuvieron que adaptarse a la llegada de deportistas, delegaciones y visitantes.
El desafío: que el aprendizaje no se pierda
La pregunta que queda ahora es cómo conservar y aprovechar ese conocimiento. La experiencia adquirida por los equipos de trabajo representa un capital que puede utilizarse en futuros eventos, pero requiere continuidad y organización para no quedar limitada a la experiencia de septiembre.
Con más de 530 voluntarios capacitados y equipos municipales que atravesaron por primera vez una organización deportiva de escala continental, Rafaela terminó los Juegos con una capacidad instalada que va más allá de los escenarios deportivos.
El desafío del día después será aprovechar ese conocimiento para que la ciudad no solamente tenga nuevas instalaciones, sino también personas preparadas para llenarlas de actividades y recibir nuevamente competencias de alcance nacional e internacional.
Fuente: Rafaela Noticias







