El testigo contó que conocía a los hermanos desde hacía aproximadamente dos décadas. Compartían partidos de fútbol, actividades laborales y espacios de amistad. Según explicó ante el tribunal, inicialmente no tenía intenciones de invertir dinero, pero se interesó en la propuesta después de que un familiar le comentara sobre el sistema.
La operación se concretó en 2019, cuando entregó un millón de pesos en una oficina de la inmobiliaria. Allí fue recibido por una persona a la que identificó como Garetto – ya condenado en un juicio sbreviado-, quien tomó el dinero y formalizó la operación mediante la firma de un convenio.
Una inversión con intereses mensuales
El docente explicó que le habían ofrecido una rentabilidad mensual del 5%, con la posibilidad de retirar los intereses sin tocar el capital. El contrato establecía un plazo de dos años y contenía sus datos personales, el monto invertido y las condiciones de devolución. Como respaldo, recordó que se mencionaban una fábrica y un complejo de estacionamiento.
Durante el primer año cobró los intereses mensualmente. Según recordó, una empleada lo atendía cuando concurría a la oficina, preparaba el comprobante y otra persona le entregaba el dinero. También señaló que una parte de los intereses se capitalizaba y que, en un momento posterior, la tasa habría bajado al 3%, aunque no pudo precisar con seguridad ese porcentaje.
El problema llegó cuando se cumplió el primer año: no recuperó el capital invertido. Después continuó cobrando durante un tiempo, pero no pudo establecer con exactitud hasta cuándo.
Cuando comenzaron a circular comentarios sobre las dificultades para cobrar, se comunicó con uno de los hermanos. Según su declaración, recibió como respuesta que estaban demorados y que más adelante le pagarían todo junto.
Ofreció aceptar una devolución parcial, pero no obtuvo respuestas
Con el paso del tiempo, el contacto personal se fue perdiendo. El testigo contó que intentó comunicarse por teléfono y mediante mensajes, pero finalmente dejaron de responderle.
Incluso manifestó que, por la relación de amistad que mantenían, estaba dispuesto a aceptar lo que pudieran devolverle para recuperar al menos una parte del dinero. También fue derivado a un grupo de abogados y firmó otro convenio, aunque aseguró que ese trámite no tuvo resultados.
Más adelante concurrió a una reunión en una nueva oficina, en la que había alrededor de 20 personas. Al finalizar, volvió a conversar personalmente con uno de los hermanos y reiteró su voluntad de llegar a un acuerdo. Según relató, le dijeron que sí, pero después tampoco recibió respuestas.
Durante el interrogatorio también surgieron preguntas sobre las fechas de los cobros y las renovaciones contractuales. El testigo sostuvo que había concurrido personalmente a cobrar hasta el comienzo de la pandemia, en 2020, aunque durante la audiencia se le recordó que existía una última renovación fechada el 23 de febrero de 2022.
“Me fallaron como amigos”
Al ser consultado por las consecuencias de lo ocurrido, el docente explicó que la pérdida económica también tuvo repercusiones personales. El dinero invertido pertenecía a un familiar y el tema continuó generando reproches por haber colocado los fondos en ese sistema.
Sin embargo, remarcó que lo que más le afectó fue la ruptura de una relación de amistad que llevaba muchos años.
“Amigos de 20 años, del fútbol, del trabajo, del club, de todos lados”, describió al recordar el vínculo que mantenía con los hermanos.
El testigo sostuvo que siempre intentó encontrar una solución por las buenas y que estaba dispuesto a negociar para recuperar el dinero. Pero, más allá de la cuestión económica, expresó su malestar por lo que consideró una traición de quienes habían sido sus amigos durante dos décadas.
Fuente: Rafaela Noticias







