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Cuando los Juegos dejaron de ser una noticia y se volvieron una experiencia

Dos semanas de trabajo, entrevistas, competencias y encuentros que transformaron la cobertura de los Juegos Suramericanos Santa Fe 2026 en una experiencia personal y profesional difícil de olvidar.

30/09/2026
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Para mí, los Juegos Suramericanos Santa Fe 2026 comenzaron el día en que fui a buscar mi credencial de periodista acreditado. Hasta ese momento había hablado de los Juegos, había seguido su preparación y sabía que durante varios días Rafaela iba a convertirse en una de las sedes de un evento deportivo de enorme magnitud. Pero tener esa credencial en las manos fue diferente.

Era un pequeño rectángulo de plástico, con mi nombre y la identificación que me permitiría ingresar a los distintos espacios de competencia. Algo sencillo, casi cotidiano para cualquiera que estuviera acostumbrado a trabajar en eventos de estas características. Para mí, en cambio, significaba que todo lo que durante meses había visto desde afuera estaba a punto de empezar.

La miré unos segundos más de lo necesario. Quizás porque, de alguna manera, representaba la puerta de entrada a una experiencia que todavía no sabía cuánto iba a cambiar mi rutina durante las semanas siguientes.

El primer día

El domingo 13 llegó el momento de dejar atrás la expectativa y empezar a vivir los Juegos desde adentro. El Microestadio fue la primera parada.

Entrar por primera vez con la credencial colgada y ver el escenario preparado para recibir los primeros combates de boxeo produjo una sensación difícil de explicar. Ya no se trataba de una obra que habíamos visto crecer ni de una competencia que todavía estaba por llegar. Los Juegos habían comenzado y Rafaela era protagonista.

El sonido de los guantes, las indicaciones desde los rincones, el movimiento permanente alrededor del ring y la presencia de delegaciones de distintos países fueron algunas de las primeras imágenes que quedaron grabadas de aquella jornada. Todo tenía un ritmo diferente al de cualquier cobertura habitual. Y en medio de ese primer día apareció también la primera entrevista.

Tatiana Flores fue la primera deportista a la que entrevisté durante los Juegos. Acercarme con el micrófono, presentarme y comenzar a hacer las primeras preguntas significó, de alguna manera, romper esa barrera inicial que suele existir cuando uno empieza a cubrir un evento nuevo.

Después llegaron Delfina Arancibia, Santiago Tulián, la panameña Yuliett Asprillia y el paraguayo Gonzalo Weiler. En apenas unas horas había pasado de buscar mi credencial a entrevistar deportistas de distintos países. Cuando terminó aquel primer día de competencias, entendí que lo que tenía por delante iba a ser mucho más grande de lo que había imaginado.

Una ciudad que empezaba a descubrir nuevos deportes

Después de aquel primer domingo de boxeo, los Juegos empezaron a tomar velocidad. La primera semana fue una sucesión de competencias, entrevistas y escenarios nuevos, pero también de descubrimientos.

El mountain bike fue uno de los primeros. La disciplina llevó la competencia a otro sector de la ciudad y también llegaron las primeras medallas. Cada podio tenía algo especial: no solamente por el resultado deportivo, sino porque empezaba a hacerse visible aquello que durante tanto tiempo se había preparado para que Rafaela pudiera ser sede de los Juegos.

Allí conocí a Fernando Contreras, el primer medallista argentino en nuestra ciudad. Detrás de esa medalla había una historia de esfuerzo y perseverancia que hizo que aquel podio tuviera un significado todavía mayor.

Después llegó el BMX, una disciplina que para la ciudad representaba prácticamente un estreno. Ver a los corredores moverse sobre una pista construida especialmente para recibir una competencia de este nivel fue otra de esas imágenes que empezaron a quedar asociadas a los Juegos. Gonzalo Molina, uno de los grandes referentes argentinos de la disciplina, fue uno de los protagonistas que más me marcó durante esa cobertura.

El ciclismo de ruta también ocupó un lugar importante. Allí conocí a Julieta Benedetti, una de las jóvenes figuras del ciclismo argentino, que terminó llevándose una medalla de oro en la prueba de pelotón. Poder escucharla y conocer un poco más de su historia fue otra de esas experiencias que hicieron especial aquella primera semana.

Pero para mí había algo más detrás de cada competencia. Estaba la posibilidad de acercarme a deportistas argentinos que hasta ese momento conocía de otra manera: a través de una pantalla.

De repente, aquellos nombres que uno acostumbraba a reconocer cuando aparecían en una transmisión deportiva estaban ahí, a pocos metros, esperando para dar una entrevista. Ya no había una televisión de por medio. Había un micrófono, una pregunta y una conversación.

Y eso empezó a modificar también mi propia mirada sobre la cobertura. Cada entrevista dejaba de ser solamente una nota más para convertirse en la posibilidad de conocer la historia detrás de un deportista, saber qué significaba competir en Rafaela, qué sentía al representar al país y cómo vivía un evento que, para muchos de ellos, también era diferente.

Cerrando esa primera semana llegó el turno del skate, en esa increíble pista que rápidamente se convirtió en uno de los escenarios que más llamaron la atención.

Otra medalla para Argentina y otra historia para contar. Hasta ese momento, el skate era para mí una disciplina que conocía principalmente por la televisión o por videos en redes sociales. Allí conocí a María Eduarda Ribeiro, de apenas 17 años y campeona suramericana en la rama femenina.

Fue una entrevista corta y, a la vez, divertida. Había que buscar la mejor manera de comunicarnos porque ella era brasileña. No importó. Tuve esa nota con una gran deportista y eso era lo que quería.

La última semana

Comenzaba la segunda y última semana. De a poco, la nostalgia empezaba a aparecer, aunque todavía quedaba muchísimo por vivir.

Esperaba con ansias conocer el nuevo Velódromo y finalmente llegó el momento. Entrar allí y verlo funcionando por primera vez fue especial. Durante meses habíamos hablado de esa obra, de lo que significaba para Rafaela y de todo lo que podía generar. Ahora estaba frente a mí y, además, en plena competencia.

Allí vi por primera vez en vivo a Natalia Vera y a Juan Rodríguez, dos ciclistas que ya sentimos un poco como rafaelinos porque entrenan y residen en nuestra ciudad.

En los días siguientes volvería al Invencible Rafaela para las jornadas de pádel, una disciplina que también hacía su debut en unos Juegos Suramericanos. El ambiente fue sensacional. Una disciplina hermosa, un estadio cada vez más lleno y, para mí, otra oportunidad de aprender y sumar conocimientos a mi experiencia como periodista deportivo.

Pero las bicicletas todavía tenían algunas historias más para regalarme…

Después de uno de los podios argentinos me quedó retumbando una frase: “Corrí con el corazón”. La había escuchado durante distintos momentos de los Juegos, pero esa vez me detuve a pensar en ella. Quizás porque detrás de esas palabras había mucho más que una frase emotiva. Había pasión, esfuerzo, sacrificio y el amor por una camiseta. Había deportistas que habían llegado hasta ese escenario después de años de preparación y que, muchas veces, deben afrontar dificultades y limitaciones para poder competir al máximo nivel.

Por eso, aquella frase dejó de parecerme una expresión trillada. Entendí que, para muchos de ellos, realmente había que competir con todo lo que llevaban adentro.

Durante esos días tuve la oportunidad de conocer a Lucas Vilar, Abril Garzón, Maribel Aguirre, Belén Mosca, Victoria Vilchez, Santino Contreras e Ignacio Piotto. Todos argentinos, todos medallistas suramericanos y todos con una historia diferente que, por unos minutos, pasó por mi micrófono.

El final

Y llegó el fin. Llegó el último día…

Sabía que ya no iba a tener mi rutina diaria de revisar qué deportes tenía que cubrir o cuáles podía disfrutar. Que la canción “Late el Sur” ya no iba a resonar en cada sector de la ciudad. Que ya no iba a compartir tiempo con “Capi”. Que no iba a encontrarme nuevamente con esos colegas que empezaron siendo simplemente eso, colegas, y que terminaron convirtiéndose en compañeros de una experiencia que difícilmente vuelva a repetirse de la misma manera.

Los Juegos también me dejaron personas. Deportistas que quizás vuelva a encontrar en otra competencia, colegas con los que seguramente volveré a cruzarme y otros que, aunque quizás no vuelva a ver, van a quedar asociados para siempre a estas dos semanas.

La ciudad también quedó distinta. Durante esos días Rafaela se llenó de acentos, camisetas, bicicletas, medallas, banderas y personas que llegaron desde distintos lugares de Suramérica. Y nosotros tuvimos la posibilidad de contarlo.

Cuando terminé la última jornada, pensé nuevamente en aquella credencial que había ido a buscar antes de que todo comenzara.

Al principio era apenas un pequeño rectángulo de plástico con mi nombre. Ahora significaba mucho más. Representaba dos semanas de trabajo, de aprendizaje, de cansancio, de entrevistas, de carreras, de historias y de personas que pasaron frente a mi micrófono.

Se terminaron los Juegos Suramericanos. Y me quedó la certeza de haber vivido la mejor experiencia laboral de mi vida.

Para esto me preparé durante tantos años dentro del periodismo deportivo. Espero haber estado a la altura. Y, sobre todo, espero volver a encontrarme alguna vez con esta competencia, quizás en otro destino, con otra credencial y con muchas más historias para contar.

 

Fuente: Rafaela Noticias

Etiquetas: Juegos Suramericanos 2026
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