Un testigo declaró en el juicio oral por la presunta megaestafa del Grupo Spaggiari y reconstruyó cómo comenzó su vínculo con la empresa, por qué decidió invertir 12.000 dólares y cómo se deterioró la relación cuando dejaron de pagarle.
Rodrigo explicó que empezó a escuchar comentarios sobre el negocio en una barbería a la que concurría habitualmente. Allí, otras personas hablaban de un sistema de inversiones que ofrecía buenas ganancias. La idea llamó su atención y se la comentó a su esposa, quien comenzó a averiguar de qué se trataba.
Según relató, ambos descubrieron que se trataba de una empresa de Rafaela que exhibía distintas actividades comerciales e inmobiliarias. A partir de esa información, decidieron comunicarse para conocer las condiciones de la inversión.
El 20 de agosto de 2021, el matrimonio se presentó en el establecimiento. Allí los recibió una mujer que les explicó cómo funcionaba el mecanismo, qué intereses podían obtener y de qué manera se organizaban los pagos.
El testigo recordó que durante esa conversación les transmitieron confianza al mencionar que había muchas personas que ya invertían y que incluso la propia persona que los atendía tenía dinero colocado en el sistema.
También les entregaron acceso a una aplicación que permitía seleccionar un turno para cobrar. Esa modalidad, explicó, fue uno de los elementos que terminó de convencerlos.
“Mi señora es maestra y yo soy empleado”, contó al describir la situación familiar. Los 12.000 dólares que entregaron eran ahorros que habían acumulado durante años. Incluso recordó que parte de esos billetes habían sido comprados cuando el dólar costaba alrededor de dos pesos, una referencia que utilizó para dimensionar el tiempo que llevaban guardando ese dinero.
Al formalizar la operación, firmaron un documento en el que dejaron asentado que sus hijos, pudieran cobrar en caso de que a él le ocurriera algo. También autorizó a su esposa a realizar los cobros.
La promesa de los intereses y las primeras demoras
Durante su declaración, Rodrigo explicó que una de las cuestiones que más le llamaba la atención era la rentabilidad ofrecida. Según recordó, le habían explicado que el dinero se destinaba a la compra y venta de propiedades, la remodelación de viviendas y otras actividades productivas.
También mencionaron una fábrica de ladrillos y otra de aberturas de aluminio, además de operaciones inmobiliarias. De acuerdo con la explicación que recibió, esas actividades generaban las ganancias con las que se pagaban los intereses a los inversores.
El testigo resumió la expectativa que lo llevó a entregar sus ahorros con una frase que pronunció durante la audiencia: “Yo llevé 12 mil y me iban a dar 8 mil más en dos años. Mirá, muy buen negocio, muy buena inversión”.
Sin embargo, los cobros comenzaron a complicarse. Rodrigo estimó que llegó a recibir pagos durante seis u ocho meses, aunque aclaró que no recordaba con exactitud la cantidad.
Según describió, conseguir un turno para cobrar se volvía cada vez más difícil porque la agenda aparecía completa. Cuando consultaban por los atrasos, les respondían que no se preocuparan y que podían cobrar los meses pendientes juntos en una fecha posterior.
“Creo que el primer mes fuimos bien, el segundo también y ya el tercero se empezó a atrasar todo”, recordó.
La situación personal también influyó en sus intentos de recuperar el dinero. Rodrigo contó que sufrió un accidente grave, con un golpe en la cabeza, y que atravesó un período complicado. En ese contexto, necesitó recurrir a sus ahorros, pero comenzó a encontrar dificultades para comunicarse con quienes antes los atendían.
“Me bloqueó el celular y no pude hablar más”
El testigo relató que, cuando empezaron a acumularse los atrasos, intentó comunicarse para pedir que le devolvieran al menos una parte del dinero. Según contó, las respuestas fueron cambiando: primero les dijeron que existía un retraso de un mes, luego de dos y después de tres.
Finalmente, afirmó que dejaron de responderle y que lo bloquearon del teléfono.
“Me bloqueó el celular, no pude llamarlo más, no pude hablar más, nada”, declaró al describir cómo se cortó el contacto.
En un momento de su testimonio, recordó que llegó a pedir una suma pequeña para afrontar sus necesidades: “Ayudame, o dame algo, dame cien dólares, me servía todo en ese momento”.
La situación generó preocupación en su familia. Rodrigo explicó que comenzaron a consultar a otras personas y se enteraron de que también existían demoras con otros inversores. En un primer momento, dijo, pensaron que podía tratarse de un problema circunstancial, sin imaginar la dimensión que terminaría adquiriendo el conflicto.
Cuando volvieron a buscar a los responsables, ya no estaban en el local donde los habían atendido inicialmente. Tras averiguar dónde se encontraban, llegaron a otro establecimiento y encontraron una reunión con numerosos inversores y personal de seguridad.
El destrato y las consecuencias familiares
Consultado sobre el destrato que mencionó durante su declaración, Rodrigo explicó que percibió un cambio en la forma en que los atendían. Según describió, al principio la relación era cordial, pero cuando comenzaron los reclamos la respuesta fue distinta.
Contó que su esposa había explicado que él estaba postrado después del accidente y que necesitaban recuperar el dinero. Sin embargo, sostuvo que sintieron que sus dificultades eran tratadas como si fueran responsabilidad de ellos por haber invertido.
También relató que, junto con su esposa, acudieron a un abogado para firmar un segundo documento relacionado con la deuda. Según recordó, en ese encuentro les advirtieron que no se hicieran ilusiones de recuperar el dinero. El testigo dijo que no recordaba en ese momento el apellido del profesional.
Rodrigo aseguró que, pese a la situación, había intentado mantener una actitud conciliadora. Explicó que llegó a plantear que no necesitaba recuperar todo de una vez, sino que estaba dispuesto a recibir una parte o buscar alguna alternativa que permitiera saldar la deuda.
La pérdida de los ahorros, sostuvo, tuvo consecuencias que excedieron lo económico. Durante la audiencia habló del impacto que observó en otras personas que también habían invertido y de las dificultades que atravesaron familias y comerciantes.
“Fue una situación muy traumática, muy traumática, cercana a un duelo”, expresó.
El testigo señaló que todavía se pregunta qué habría podido hacer con ese dinero si lo hubiera conservado: terminar su casa, viajar o mejorar las condiciones de vida de su familia. Volver a relatar lo ocurrido durante el juicio, reconoció, implica revivir esas circunstancias.
El testimonio en el juicio al Grupo Spaggiari
La declaración de Rodrigo se produjo en el marco del juicio oral que investiga el funcionamiento del Grupo Spaggiari y las presuntas maniobras de estafa que afectaron a cientos de inversores.
Los principales acusados son Fernando Luis Spaggiari y Matías Germán Spaggiari, señalados por la Fiscalía como presuntos jefes de una asociación ilícita y responsables de múltiples estafas. También son juzgadas Mirta Ofelia Condotto y Carolina Rocío Schaberger.
La acusación fiscal está a cargo de Guillermo Loyola. En sus alegatos, solicitó penas de 25 años de prisión para los hermanos Spaggiari.
La causa reúne a cientos de damnificados y analiza operaciones por montos millonarios, con testimonios que buscan reconstruir cómo se captaban las inversiones, qué explicaciones recibían los clientes sobre el destino del dinero y de qué manera comenzaron las dificultades para recuperar el capital.
En ese contexto, el relato de Rodrigo puso el foco en la experiencia de una familia que entregó ahorros acumulados durante años, confió en la rentabilidad prometida y terminó reclamando sin obtener, según su declaración, una respuesta que le permitiera recuperar el dinero.
Fuente: Rafaela Noticias







