Qué se hace. En cada materia, el o la docente hace una pausa con su curso en el momento que considere más oportuno, según el ritmo y el plan de la clase. No al comienzo ni al final: en algún punto del medio, cuando la actividad ya está en marcha. Sin consignas ni tarea. Cada quien elige qué hacer con ese tiempo. Por qué una pausa. Después de mucho tiempo de concentración, todos y todas necesitamos un corte. Para quien tiene dislexia, una jornada larga de lectura y escritura sigue un ritmo que no es el propio, y ese corte se vuelve más necesario. La pausa es una de las ayudas más simples que existen. Y una de las que menos se tienen en cuenta. Por qué todos y todas. Si la hace todo el curso, no se señala a nadie. Y el chico o la chica que llega a casa y cuenta «hoy hicimos una pausa en cada materia» abre una conversación que ninguna campaña logra sola. → Lo que no cambia. La grilla, el horario de salida, la planificación. No hay que preparar nada ni coordinarse con nadie. → Lo que sí cambia. Por un día, en cada aula, la dislexia deja de ser invisible.
Ideas para la pausa
No hay una forma correcta de hacer la pausa. Cada curso la hace a su manera.
Algunas ideas:
→ Moverse. Levantarse, estirarse, sacudir brazos y piernas.
→ Respirar. Tres respiraciones lentas, con los ojos cerrados si quieren.
→ Silencio. Sin hablar y sin hacer nada.
→ Música. Una canción que elija el curso.
→ Dibujar. Una hoja en blanco, sin consigna.
→ Charlar. De cualquier cosa menos de la clase.
→ Mirar por la ventana.
En serio. Lo único que no va: tarea, consignas, ni juegos para «sentir lo que siente» una persona disléxica. La pausa es una pausa.
Primaria. Lectura previa a la pausa.
Vamos a hacer una pausa. Hoy es 8 de octubre, Día Internacional de la Dislexia. Hay personas que leen, escriben y piensan de otra manera. Ni mejor ni peor: distinto. Porque a un mismo lugar se puede llegar por caminos distintos. Pensá en cuando hacés algo durante mucho tiempo, algo que te pide toda tu atención. En algún momento necesitás cortar un poco para poder seguir. Eso nos pasa a todos y todas, y a algunas personas más seguido que a otras. Por eso hoy, en cada materia, todos los cursos de la escuela van a hacer una pausa. No es un premio ni un recreo. Es una manera de decir que no todos y todas aprendemos igual y que la pausa también es parte de aprender. Es una pausa para respirar, moverse, estirarse o no hacer nada. Empezamos.
Secundaria. Lectura previa a la pausa.
Vamos a hacer una pausa. Hoy es 8 de octubre, Día Internacional de la Dislexia. Hay personas que leen, escriben y piensan de otra manera. Ni mejor ni peor: distinto. Es una forma de procesar el lenguaje escrito con su propia manera de resolver, de asociar y de llegar a una respuesta, y no tiene nada que ver con la inteligencia ni con las ganas. Hay más de una forma de llegar a la misma respuesta, y esta es una de ellas. Lo que sí cambia es la ruta. La escuela está organizada casi por completo alrededor de leer y escribir de una sola manera, y sostener ese ritmo durante horas, por un camino que no es el propio, cansa. Hay acciones simples que ayudan, y una de las más simples es también de las que menos se tienen en cuenta: la pausa. Por eso hoy, en cada materia, toda la escuela hace una pausa. No es tiempo libre ni un recreo extra. Es una manera de poner sobre la mesa algo que casi nunca se ve. Es una pausa. Hagan lo que necesiten: moverse, respirar, no hacer nada. Empezamos.
Cuaderno de comunicaciones
→ Aviso previo Mañana, 8 de octubre, la escuela se suma a «Una pausa» por el Día Internacional de la Dislexia: en cada materia haremos una pausa a mitad de la clase.
→ Aviso 8/10. Después de una pausa. Hoy, 8 de octubre, hicimos una pausa en cada materia por el Día Internacional de la Dislexia. Pregúntenle a su hijo o hija qué hicieron y por qué. Hay chicos y chicas que procesan la lectura y la escritura de otra manera, y la pausa es una de las cosas más simples que ayudan y que menos se tienen en cuenta. La hicimos con todo el curso porque parar un rato nos hace bien a todos y todas.
Preguntas frecuentes
¿Es un recreo? No. El recreo es tiempo libre fuera del aula. La pausa ocurre dentro de la clase, con el o la docente, y es un gesto con un sentido. Cada docente decide en qué momento hacerla, según cómo venga la clase: si hay una evaluación, si el grupo está trabajando con buen ritmo, si conviene esperar a terminar una consigna. Lo único que pedimos es que no quede al final, porque ahí se confunde con salir antes. ¿Por qué en todas las materias y no una sola vez en el día? Porque así nadie tiene que coordinar nada. Cada docente la hace con su curso. Y porque el cansancio no aparece una vez por día: aparece cada vez que la concentración se sostiene mucho tiempo. ¿Y si ese día tengo una evaluación? La pausa va en el medio. Lo importante es que ocurra dentro de la clase. ¿Qué le digo a una familia que pregunta por qué perdieron tiempo de clase? Que fue una pausa para que toda la escuela hable de algo que casi nunca se ve. Y que las ayudas que necesitan los chicos y chicas con dislexia no son una ventaja sobre el resto: los y las ponen en igualdad de condiciones. Eso no lo decimos nosotros, lo dice la Ley 27.306.
¿Y si un chico o una chica pregunta si tiene dislexia? No hay que responder por sí o por no. Se le puede decir que hay muchas formas de pensar y de aprender, y que si quiere saber más sobre la suya, lo puede charlar con su familia. Después, avisar a la familia o al equipo de orientación.
Esto ya es ley. Ley 27.306.
La Ley 27.306 se sancionó el 19 de octubre de 2016. Su objetivo es garantizar el derecho a la educación de chicos y chicas, adolescentes y adultos con lo que la norma llama dificultades específicas del aprendizaje, entre ellas la dislexia. Se reglamentó en 2018 con el Decreto 289. En la escuela. La ley enumera orientaciones para que estos alumnos y alumnas accedan al mismo currículo que todos y todas:
→ Priorizar lo oral, al enseñar y al evaluar.
→ Dar más tiempo para tareas y evaluaciones.
→ Chequear que las consignas se entendieron.
→ No exponerlos/las a leer en voz alta frente al curso sin necesidad.
→ Evitar copiados largos y dictados cuando afectan la escritura.
→ Permitir computadora, calculadora y tablas.
→ Adaptar la evaluación a cada alumno y alumna.
Según la propia ley, estas adaptaciones no les dan ventaja frente a sus compañeros y compañeras: los y las ponen en igualdad de condiciones frente al derecho a la educación. Y todo el equipo docente es promotor de ese derecho. Obras sociales y prepagas tienen que cubrir la detección, el diagnóstico y el tratamiento. Esas prestaciones forman parte del Programa Médico Obligatorio. La ley prevé campañas de concientización sobre dislexia. Esta pausa va en esa dirección.

¿Qué no es la dislexia?
¿Y si empezamos por preguntarnos que no es dislexia?
→ No es falta de inteligencia.
→ No es vagancia.
→ No es falta de interés.
→ No es no querer aprender.
→ No es una excusa.
→ No es falta de esfuerzo .
¿Entonces qué es la dislexia? Es una manera de procesar el lenguaje escrito, que hace que aprender a leer y escribir requiera otros caminos, otros tiempos, otros apoyos y puentes.
¿Y si ese “no quiere” fuera un “no puede hacerlo de otra manera”? ¿Si a ese “no sabe leer” le sumamos la palabra mágica del “todavía”? ¿Y si ese “es distraído” escondiera la necesidad de una pausa o recreo cerebral por la enorme cantidad de esfuerzo que utiliza? ¿Y si leer costara mucho más de lo que podemos ver? En las dislexias se ponen en juego muchos recursos cognitivos y emocionales para aprender lo que la mayoría de los niños típicos hacen casi automáticamente. Es muy común que desarrollen gran capacidad para pensar en imágenes, buscar caminos alternativos, tener grandes procesos creativos, gran capacidad de establecer asociaciones para resolver situaciones prácticas así como fortalezas artísticas y pensamiento fuera de la caja. La clave sería tener claro que lo que se ve siempre lleva consigo algo que no se ve… Mirar de nuevo, mirar diferente y reparar en lo que hay detrás de esa persona con pensamiento dislexico. Hacernos preguntas que nos involucren como una oportunidad para aprender de ellos e incluir el mundo emocional vulnerable detrás de cada situación escolar. La dislexia así empieza a hacerse visible, porque para comprender qué es, primero tenemos que dejar de confundirla con aquello que definitivamente no es. Cuando una adecuación se ofrece a todos deja de ser una marca que señala una diferencia y se transforma en una práctica inclusiva.
Por eso el 8 de octubre no se trata solo de una pausa. Se trata de hacer visibles otras maneras de pensar, aprender, resolver y llegar a una respuesta. Quizás el verdadero desafío sea después de ese día preguntarnos qué otras maneras y oportunidades podemos abrir en nuestras aulas, que sean las llaves para aprender. No es bajar la vara. Es tener diferentes caminos.
Fuente: Rafaela Noticias







