Durante su declaración en el juicio oral a los Spaggiari, un ingeniero reconstruyó cómo llegó a invertir US$ 75.000, qué explicaciones recibió antes de entregar el dinero y los intentos posteriores para recuperar los fondos.
Contó que tomó conocimiento del negocio en marzo de 2022, a través de su padre, quien también había invertido. Fue entonces cuando recibió el contacto de Carlos Ciancia, empleado del grupo, para consultar sobre el funcionamiento del sistema y las tasas que ofrecían.
Según declaró, antes de invertir le explicaron que el grupo trabajaba con un sistema de “liquidación de derechos”, presentado como una modalidad novedosa a nivel internacional. También le mencionaron una planta vinculada con un inversor de Córdoba. El testigo señaló que esas explicaciones formaron parte de la información que recibió antes de entregar sus ahorros.
Posteriormente, se reunió con Miriam, empleada del grupo, en la oficina, donde recibió más explicaciones sobre el funcionamiento del negocio. Allí también le mencionaron otras actividades, entre ellas inversiones vinculadas con la construcción, negocios inmobiliarios y un loteo que proyectaban desarrollar.
El 10 de junio de 2022 entregó US$ 50.000. Se trataba de ahorros acumulados durante años de trabajo y de dinero aportado por su pareja, quien había recibido esos fondos tras la venta de una propiedad.
Días después, el 14 de junio, realizó una segunda operación por US$ 25.000, esta vez con dinero de un familiar de su pareja. Según explicó, esa persona tenía la expectativa de hacer crecer sus ahorros para poder comprar un departamento en otra localidad, donde alquilaba una vivienda.
De esa manera, el monto total invertido llegó a los US$ 75.000. En ambas oportunidades, el testigo aseguró que entregó el dinero a Miriam, en la oficina del grupo.
Los primeros pagos y el comienzo de las demoras
El testigo indicó que durante julio y agosto cobró los intereses correspondientes. Sin embargo, en septiembre, cuando tenía previsto retirar el dinero, le informaron que el pago no estaba preparado y le pidieron que regresara 15 días después.
En esa oportunidad pudo cobrar, pero la situación volvió a complicarse al mes siguiente. Tras reprogramar la visita y recibir nuevas respuestas negativas, dejó de percibir los pagos.
En diciembre se enteró de las dificultades que atravesaba el grupo. Como no había podido asistir a una reunión por cuestiones laborales, posteriormente se encontró con Matías Spaggiari, quien le brindó su versión sobre lo ocurrido.
Según recordó el testigo, le explicaron que algunos inversores habían decidido retirar su dinero por cuestiones personales y que esos retiros habían afectado la disponibilidad de fondos para cumplir con los pagos. Incluso, según esa explicación, parte del capital habría sido utilizado para responder a esas solicitudes. El testigo señaló que esa fue la explicación que recibió, aunque los pagos que esperaba nunca se normalizaron.
Los intentos por recuperar el dinero y las consecuencias familiares
Ante la falta de respuestas, el testigo comenzó a comunicarse con los abogados del grupo para buscar una salida. Contó que llegó a conversar con uno de ellos sobre la posibilidad de firmar un documento para reconocer la deuda, pero que nunca recibió el contrato en los términos que esperaba.
Posteriormente, le enviaron un modelo sin nombres ni fechas, que solamente establecía una modalidad de pago propuesta por la otra parte. El testigo dijo que presentó una contrapropuesta, pero no obtuvo respuesta. También insistió con otras alternativas de devolución que, según su declaración, tampoco prosperaron.
La pérdida del dinero tuvo consecuencias que excedieron lo económico. El ingeniero relató que comenzó a discutir con su pareja por la decisión de invertir y que también tuvo conflictos con el familiar que había confiado en él para colocar sus ahorros. “Yo confié en vos, me dijiste que eso funcionaba”, recordó sobre los reproches que recibió de su entorno.
En su casa, la situación se volvió cada vez más difícil. Su hija de corta edad, según contó, quedó expuesta a un clima de discusiones y preocupación. El testigo también describió noches sin dormir, dificultades para concentrarse en su trabajo y un sentimiento de culpa por haber comprometido dinero que era fundamental para su familia.
En particular, hizo referencia a los fondos de su pareja, que provenían de la venta de una propiedad. “Todo eso viviendo dentro de mi casa, cuando en realidad no hicimos nada más que confiar en una empresa familiar”, expresó.
El testigo explicó que esa confianza se había construido a partir de la cercanía con los integrantes del grupo. Eran personas conocidas en la ciudad, vecinos de sus padres y gente a la que identificaban con actividades comerciales visibles. “Nosotros no nos esperábamos esto”, resumió.
Durante el interrogatorio, explicó que no estaba dispuesto a esperar cuatro años para recuperar el dinero – segùn dijo figuraba en un modelo de contrato que le mostraron pero sin sus datos- y quedarse sin certezas sobre si finalmente se lo devolverían. Por eso, junto con su pareja, planteó una alternativa con plazos más cortos. “Yo les estaba pidiendo a cuatro meses, a seis meses, pero no esperar cuatro años a ver si me devolvían o no, y yo quedarme de brazos cruzados esperando”, manifestó. Aunque finalmente todo quedó en la nada y no pudo recuperar lo invertido.
Fuente: Rafaela Noticias







