La localidad de Ataliva vivió una jornada de profunda emoción con la concreción de un sueño largamente esperado. Después de un cuarto de siglo sin la llegada de programas oficiales de vivienda al pueblo, cinco familias recibieron las llaves de sus nuevos hogares, marcando un hito para la comunidad.
Entre los beneficiarios se encuentran Jimena y Uriel, dos jóvenes de 27 años que residen y trabajan en la localidad. “Es la mayor felicidad que nos pudo haber tocado. No lo teníamos planeado, pero salió este proyecto, nos anotamos con toda la fe hace un año, quedamos como primeros suplentes y se nos dio”, relató emocionada Jimena, oriunda de Sunchales
Uriel, nacido en el pueblo y empleado en una cooperativa, destacó el impacto de este tipo de obras para las nuevas generaciones: “Es una ayuda muy importante para toda la comunidad de Ataliva. Ojalá que esto se repita, porque a los chicos como nosotros, que trabajamos y lamentablemente tenemos que alquilar porque no nos queda otra, significa muchísimo”. La joven pareja pagará una cuota cercana a los 300.000 pesos mensuales, un monto prácticamente idéntico al que ya destinaban para arrendar. «Te da más satisfacción saber que trabajas para pagar algo que va a ser tuyo, nuestra vida está acá», agregaron al abrir la puerta de su hogar.
La misma emoción se replicó en todos los adjudicatarios que participaron del acto de entrega. Otra de las familias que finalmente logró cortar la cinta de su flamante casa en Ataliva resaltó que este logro llega luego de mucho tiempo de espera y expectativas. “Estamos emocionados y felices, hace muchísimo tiempo que esperábamos esta oportunidad. Los chicos y nosotros queríamos tener nuestra casa, nuestro lote. Hoy se corona esta etapa después de 25 años sin que hubiera un plan de vivienda”, expresaron.
Las unidades habitacionales fueron adjudicadas con un esquema de financiamiento que prevé un plazo de pago de 25 años, con cuotas fijas que actualmente rondan entre los 200.000 y 300.000 pesos. Para estas familias, la entrega no solo representa paredes y un techo, sino el fin de una etapa de alquileres y el comienzo de un proyecto de vida sobre cimientos propios.








