El caso de Sophia Civarelli, la joven encontrada sin vida en un inmueble de calle 3 de Febrero al 2400, dio un giro contundente. La fiscal Carla Ranciari descartó la teoría inicial de un doble suicidio para enfocarse en la hipótesis de un femicidio.
El principal sospechoso es su pareja, Valentín Alcida. Según los procedimientos de la Fiscalía, el joven habría asesinado a la estudiante y luego dejó una carta en el departamento de la pareja en la que anunció lo que iba a hacer.
A la madrugada, tras ocurrir el crimen, Alcida se dirigió a 13 cuadras del lugar del hecho. Desde la casa de una amiga, se comunicó con la central del 911 afirmando que su novia se había quitado la vida. Posteriormente, se arrojó al vacío.

Manipulación y violencia en la pareja
Una amiga de la víctima fue clave para desestimar la hipótesis del suicidio. En una entrevista televisiva, aseguró que la relación estaba marcada por los celos extremos y que el agresor la manipulaba para que no lo abandonara.
«Se encerraba en el baño, golpeaba las paredes del baño, se golpeaba la cara y le decía si él la dejaba, se moría», detalló la testigo. Además, fue categórica sobre la escena del crimen: «Ella nunca hubiera permitido que dijeran que se suicidó, a ella la mataron».

De acuerdo con el testimonio, Civarelli ya planeaba la separación desde principios de año, pero necesitaba organizar su situación económica. «Voy a esperar un poco. Después de San Valentín o un mes más, capaz que consigo algo», había manifestado la víctima.
En cuanto a la mecánica de los hechos, la amiga apuntó a un conflicto previo: «Siento que pelearon, él se fue y a la madrugada volvió con otras intenciones». La investigación avanza y Ranciari ya recibió los resultados de los primeros peritajes de los celulares de la pareja.




