El presidente de Bolivia promulgó este martes una controvertida ley que modifica el régimen del estado de excepción y elimina varios de los límites que hasta ahora regulaban su aplicación. La decisión se produce en un contexto de creciente conflictividad social, protestas callejeras y fuertes cuestionamientos al Gobierno por el deterioro económico y político del país.
La nueva normativa fue aprobada en medio de un clima de tensión dentro y fuera del Congreso. Entre los principales cambios, la ley habilita al Ejecutivo a extender las medidas excepcionales sin los plazos estrictos que contemplaba la legislación anterior y amplía las facultades de intervención de las fuerzas de seguridad.
Desde el oficialismo defendieron la reforma como una herramienta necesaria para garantizar el orden público frente a episodios de violencia, bloqueos y protestas que se intensificaron en las últimas semanas. Funcionarios del Gobierno sostienen que el país enfrenta “amenazas internas” que requieren mecanismos más flexibles de respuesta estatal.
Sin embargo, la oposición cuestionó duramente la medida y advirtió que la eliminación de límites al estado de excepción representa un riesgo para las libertades democráticas. Legisladores opositores denunciaron que la ley podría facilitar abusos de poder, restricciones a la protesta y controles más severos sobre la población.
Organizaciones de derechos humanos y sectores académicos también expresaron preocupación por el alcance de la norma. Diversos colectivos alertaron sobre la posibilidad de que se vulneren garantías constitucionales bajo el argumento de preservar la seguridad interna.
Mientras tanto, en varias ciudades bolivianas continuaron las movilizaciones sociales. Sindicatos, agrupaciones estudiantiles y organizaciones civiles convocaron protestas en rechazo a la reforma y reclamaron la apertura de una instancia de diálogo político.
El debate sobre la ley profundizó la polarización en Bolivia y reavivó las discusiones sobre el equilibrio entre seguridad y derechos ciudadanos en un escenario marcado por la crisis económica, la presión social y la incertidumbre política.





