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De pronto, los Juegos también eran parte de mi vida

Los Juegos Suramericanos 2026 fueron mucho más que un evento deportivo para Rafaela. Para mí también significaron meses de trabajo, nuevos desafíos, personas que conocí y experiencias que probablemente voy a recordar durante mucho tiempo.

30/09/2026
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Mi experiencia con los Juegos comenzó mucho antes del 16 de septiembre. En realidad, empezó en mayo de 2025, cuando comenzaron las obras y yo llevaba apenas siete meses trabajando por primera vez en un medio de comunicación. En ese momento iba a cubrir cómo avanzaban, a conocer los lugares y a contar lo que estaba pasando, sin imaginar demasiado todo lo que vendría después.

Con el tiempo empecé a conocer a las personas que estaban detrás de las obras, de la organización, de los espacios y de todo lo que implicaba preparar a Rafaela para recibir unos Juegos de esta magnitud. Y, a medida que se acercaba septiembre, algo que durante meses había visto como obras, proyectos y noticias empezó a sentirse cada vez más cerca.

Apareció «Late el Sur», apareció Capi, la mascota de los Juegos, empezaron los preparativos, los deportistas comenzaron a llegar y, de a poco, empecé a tomar dimensión de lo que estaba pasando. La infraestructura me sorprendió muchísimo, pero también tuvo algo especial para mí porque la viví muy de cerca: vivo en el mismo barrio donde estaban el Microestadio y la Villa Suramericana. Durante meses vi cómo todo se transformaba prácticamente desde mi casa.

Pero creo que lo más importante fueron las personas. Conocer las historias de los deportistas, sus entrenadores y sus familias me permitió entender que detrás de cada competencia había muchísimo trabajo y esfuerzo. Tuve la posibilidad de conocer deportistas de élite, verlos competir, ganar medallas y compartir aunque fuera un pequeño momento con personas que habían llegado hasta Rafaela después de años de preparación.


Una experiencia que también cambió mi trabajo

Los Juegos también me dieron una oportunidad que no esperaba. Además de mi trabajo en Rafaela Noticias, tuve la posibilidad de formar parte del equipo de Mauricio Basso, vocero de los Juegos Suramericanos, trabajando en sus redes sociales como community manager. Fue un desafío nuevo para mí: pensar contenidos, aportar ideas, trabajar desde otro lugar de la comunicación y aprender sobre la marcha.

También me permitió compartir más tiempo con colegas de Rafaela y de otros medios nacionales. Personas que muchas veces había visto por televisión y que, de repente, estaban al lado mío, compartiendo una charla, un mate o una jornada de trabajo. Fue una experiencia nueva también en ese sentido, porque me permitió conocer otra parte de este trabajo y compartirla con gente que quizás nunca hubiese conocido de otra manera.

También fue diferente compartir espacios con deportistas, colegas, funcionarios y personas vinculadas a la organización. Desde el periodismo muchas veces uno conoce a alguien para hacerle una entrevista o cubrir una actividad, pero durante los Juegos la dinámica era otra: convivimos durante horas, nos cruzábamos constantemente y terminamos compartiendo mucho más que una nota.


Cuando todo volvió a la normalidad

Creo que una de las cosas que más me sorprendió fue descubrir todo lo que pueden movilizar unos Juegos de esta magnitud. Y para mí fue la primera experiencia en muchos sentidos: mi primer gran evento deportivo internacional, el contacto con deportistas de élite, nuevos desafíos laborales, nuevos colegas y una ciudad que durante meses se preparó para recibir algo que, cuando finalmente llegó, pasó muchísimo más rápido de lo que imaginaba.

El domingo 27 de septiembre, un día después de que terminaran los Juegos, me encontré con una imagen completamente distinta. De repente ya no estaba la estructura del escenario, no se escuchaba más «Late el Sur», ni la gente de los Fan Fest, ni todo ese movimiento que se había vuelto parte de la rutina. Todo había vuelto, claramente, a la normalidad.


Y fue ahí cuando creo que realmente dimensioné lo que habían sido estos Juegos. Después de tantos meses de ver cómo todo se construía, de trabajar, correr de un lado a otro, conocer personas y vivir tantas cosas, de repente todo terminó. Quedaron los espacios otra vez tranquilos, el silencio y un montón de recuerdos. Es raro cómo algo que durante tanto tiempo formó parte de tu día a día puede desaparecer de un momento para otro. Pero aunque ya no estén las luces, la música, los deportistas ni las competencias, sé que todo lo que viví durante estos Juegos se queda conmigo.

 

Fuente: Rafaela Noticias

Etiquetas: CrónicaJuegos Suramericanos Santa Fe 2026Lucía Nagel
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