La búsqueda de una mayor longevidad no se trata solamente de vivir más años, sino de llegar a la adultez mayor con fuerza, independencia y una buena calidad de vida. Para eso, la alimentación y la actividad física cumplen un rol central, junto con el descanso y la incorporación de hábitos saludables.
Uno de los puntos destacados es la importancia de combinar ejercicios de fuerza con actividad aeróbica. Mientras el ejercicio cardiovascular contribuye a prolongar la vida, mantener la masa muscular permite realizar actividades cotidianas, subir escaleras, cargar bolsas y reducir el riesgo de caídas y fracturas. Además, se recomienda aprovechar actividades como caminar, andar en bicicleta o estar en contacto con la naturaleza.
La alimentación también debe ser variada y equilibrada. Frutas y verduras, especialmente las de hojas verdes y las crucíferas como brócoli, coliflor y repollo, aportan vitaminas, minerales y antioxidantes. A esto se suman fuentes naturales de proteínas como huevos y carnes, carbohidratos de buena calidad e integrales y alimentos ricos en omega-3, como los pescados de mar. La hidratación, principalmente con agua, también es fundamental.
Otro aspecto clave es evitar el exceso de alcohol, tabaco y alimentos ultraprocesados, que pueden acelerar el deterioro del organismo. También se aconseja cenar con suficiente anticipación antes de dormir o, cuando esto no sea posible, optar por comidas más livianas para favorecer el descanso. En algunos casos pueden utilizarse suplementos como la creatina, pero su incorporación debe evaluarse de manera individual y con indicación profesional.
Fuente: Rafaela Noticias







