Este martes 1 de septiembre, el investigador Rafael Lajmanovich expuso ante el Concejo Municipal de Rafaela, en el marco de la discusión sobre la normativa que establece los límites agronómicos para las aplicaciones periurbanas de fitosanitarios.
La presentación se realizó de manera virtual, vía Zoom, mientras los concejales siguieron la exposición desde la sala de sesiones. El debate se da luego de que una resolución judicial objetara parcialmente la ordenanza vigente sobre las aplicaciones.
Lajmanovich centró su exposición en evidencia científica vinculada al comportamiento de los agroquímicos una vez aplicados y en los mecanismos por los cuales pueden trasladarse fuera de los lotes.
En ese sentido, planteó una serie de interrogantes como punto de partida: si los agroquímicos permanecen dentro de los campos donde son utilizados y cómo se explica la presencia de sus residuos en ríos, arroyos, aguas subterráneas, sedimentos, fauna silvestre y poblaciones humanas, incluso a grandes distancias de las áreas sembradas.
Evidencia sobre los cursos de agua
Durante la exposición, el investigador repasó distintos trabajos científicos desarrollados en Argentina y otros países. Entre ellos, destacó una investigación realizada en 2016 sobre el río Paraná, con un muestreo que abarcó desde Misiones hasta Buenos Aires.
egún explicó, ese trabajo permitió observar un incremento de determinados residuos contaminantes a medida que el río avanzaba hacia las zonas centrales del país, donde la actividad agrícola es más intensa. También hizo referencia a registros elevados en sectores vinculados con las desembocaduras del río Salado y otros afluentes.
Lajmanovich señaló que su grupo de investigación trabaja desde hace décadas sobre el impacto de los agroecosistemas en la ecología y la fauna silvestre. En ese recorrido, mencionó estudios realizados sobre distintas cuencas de la región y remarcó que en numerosos trabajos se detectaron residuos de agroquímicos.
En particular, se refirió a investigaciones realizadas sobre el río Salado y la zona del Cululú. Allí, indicó que fueron detectados alrededor de 30 residuos de agroquímicos y que también se realizaron estudios ecotoxicológicos sobre agua y sedimentos.
Uno de los aspectos que destacó fue la detección de efectos vinculados con la genotoxicidad en determinadas muestras, entendida como el potencial de una muestra ambiental para producir efectos sobre el ADN de un organismo indicador.
El concepto de «pulso tóxico»
Uno de los conceptos centrales de la exposición fue el denominado «pulso tóxico», un modelo que, según explicó, su equipo desarrolló a partir de años de investigación.
Lajmanovich describió que después de grandes lluvias, especialmente cuando se registran muchos milímetros en períodos cortos, se producen procesos de lavado de los campos. Esto puede generar pulsos puntuales e intensos de contaminación que, en distintos casos, pudieron ser relacionados con mortandades de peces.
El investigador sostuvo además que el transporte de los agroquímicos puede producirse mediante diferentes mecanismos, entre ellos la deriva, el drenaje y la escorrentía. Remarcó que cada uno de esos procesos es complejo de estudiar y requiere modelos específicos, aunque los resultados obtenidos directamente en los cursos de agua permiten observar que existe transporte de contaminantes.
La relación con la salud humana
Durante otro tramo de la presentación, Lajmanovich aclaró que su especialidad no es el estudio de poblaciones humanas y que su grupo de investigación trabaja principalmente sobre ecosistemas y fauna silvestre.
Sin embargo, explicó que actualmente muchos investigadores abordan estas problemáticas desde el paradigma de «Una Salud» (One Health), que busca integrar la salud humana y la salud ambiental en un mismo enfoque.
En ese marco, presentó investigaciones realizadas por otros equipos científicos sobre poblaciones humanas. Mencionó, entre otros, trabajos desarrollados en la zona centro de Santa Fe que analizaron muestras de mujeres embarazadas y estudios posteriores sobre muestras de sangre.
Según detalló, uno de esos trabajos encontró residuos de distintos plaguicidas en muestras analizadas y diferencias entre poblaciones rurales y urbanas. También mencionó investigaciones que evaluaron biomarcadores vinculados con estrés oxidativo y daño genético.

Lajmanovich también se refirió a un proyecto internacional que incluyó a Argentina para analizar el impacto de los agroquímicos sobre el ambiente y las poblaciones humanas. En ese caso, destacó especialmente los análisis realizados sobre muestras humanas y la detección de glifosato y AMPA en distintas matrices.
La discusión sobre las distancias
Hacia el final de su exposición, el investigador abordó directamente uno de los puntos centrales del debate en Rafaela: la distancia que debería existir entre las áreas productivas y las zonas que se busca proteger.
Lajmanovich presentó investigaciones internacionales que analizaron la relación entre la proximidad de las viviendas a campos agrícolas y la exposición a determinados productos. En uno de los trabajos mencionados, se compararon personas que residían a menos y a más de 500 metros de áreas agrícolas durante las temporadas de aplicación.
No obstante, remarcó que los 500 metros no constituyeron un umbral demostrado a partir de ese estudio y que la problemática de las distancias es compleja. Según explicó, existen investigaciones que muestran que determinados productos pueden desplazarse varios kilómetros mediante procesos atmosféricos.
En ese contexto, se refirió a la posibilidad de establecer una distancia de protección de 200 metros, uno de los parámetros que aparece en la discusión local, aunque consideró que debería analizarse si esas distancias pueden ampliarse o regularse de una manera más adecuada.

«Para mí me parece, humildemente, que nosotros tendríamos que hablar de distancias de protección», sostuvo durante la exposición. Y agregó que, mientras se mantenga la intensidad actual del uso de estos productos, deberían evaluarse mecanismos para ampliar o mejorar las regulaciones.
«El principio precautorio»
Como conclusión, Lajmanovich sostuvo que la evidencia científica disponible a nivel local, regional y global plantea la necesidad de adoptar una posición basada en el principio precautorio.
«Con toda la evidencia científica, ya que, a nivel local, a nivel regional y a nivel global, yo creo que estamos ante un fenómeno que nos interpela a que el principio precautorio, en principio, sea lo que haya que seguir», expresó.
El investigador aclaró que esto no implica dejar de investigar. Por el contrario, consideró necesario continuar generando evidencia científica, aunque señaló que los resultados obtenidos hasta el momento muestran una problemática ambiental que requiere atención.
Fuente: Rafaela Noticias







