La producción mundial de petróleo registró en marzo la mayor caída de su historia, en medio de la escalada bélica en Medio Oriente, según datos de la Agencia Internacional de la Energía (AIE). El desplome alcanzó los 10,1 millones de barriles diarios, un shock sin precedentes para el mercado energético global.
El conflicto, centrado en la guerra con Irán y agravado por ataques a infraestructuras energéticas y restricciones marítimas, provocó un colapso en el tránsito por el estratégico estrecho de Ormuz, una de las principales arterias del comercio mundial de crudo. Por esa vía circulaban más de 20 millones de barriles diarios, pero el flujo cayó drásticamente a menos de una quinta parte.
La magnitud del impacto obligó a varios países productores, como Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos e Irak, a redirigir exportaciones por rutas alternativas, aunque sin lograr compensar la pérdida. En total, la merma en la oferta global supera los 13 millones de barriles diarios, lo que ya está tensionando las reservas estratégicas.
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El escenario podría empeorar en el corto plazo. Proyecciones para abril anticipan una caída aún mayor en la producción y un deterioro sostenido del mercado energético.
En paralelo, la AIE revisó a la baja sus previsiones de demanda para 2026, advirtiendo que el consumo podría contraerse significativamente como consecuencia de la crisis, en un contexto de alta volatilidad y suba de precios.
Organismos internacionales ya califican la situación como el mayor shock petrolero de la historia reciente, comparable con crisis globales anteriores. El conflicto no solo afecta al suministro, sino que también amenaza con desacelerar la economía mundial, elevando el riesgo de inflación y tensiones en los mercados financieros.
La evolución del conflicto y la eventual reapertura de rutas clave serán determinantes para estabilizar un mercado energético que atraviesa uno de los momentos más críticos de las últimas décadas.



