En su debut en los tradicionales saludos de fin de año al cuerpo de la Curia Romana, el papa León XIV reafirmó la senda reformista de su antecesor y subrayó la necesidad de que la administración central de la Iglesia sea “más misionera”, orientando sus tareas hacia los desafíos pastorales y sociales actuales en lugar de limitarse a la administración cotidiana.
El pontífice norteamericano —con pasado misionero en Perú— advirtió sobre los “fantasmas de la división” que amenazan la unidad interna, señalando la tentación de caer tanto en la rigidez ideológica como en la uniformidad que no valora las diferencias, y criticó actitudes de ambición personal y desconfianza entre sus colaboradores.
León XIV instó a una conversión personal que permita transparentar el amor de Cristo en las relaciones cotidianas, destacando la importancia de la comunión fraterna y cuestionando si, en el contexto actual, es posible cultivar amistades sinceras dentro de la Curia.
Además, anunció la convocatoria de un consistorio extraordinario en enero para fortalecer los lazos entre él y los cardenales y subrayó que, en un mundo marcado por conflictos y fragmentaciones, la Curia debe ser un “signo profético” que refleje la unidad y la misión evangelizadora de la Iglesia.





