Según sus propias palabras en una entrevista reciente, Donald Trump no descartó una acción directa sobre la isla de Kharg, un enclave estratégico en el Golfo Pérsico por donde pasa cerca del 90% de las exportaciones petroleras iraníes.
Las declaraciones del mandatario republicano se producen en el marco del conflicto armado iniciado a fines de febrero entre Estados Unidos, Israel e Irán, que ha intensificado los enfrentamientos en la región.
En paralelo, Washington ha reforzado su presencia militar con miles de soldados desplegados en la zona, mientras continúan negociaciones indirectas con Teherán, aunque las autoridades iraníes niegan avances concretos.
Las declaraciones del Trump han generado preocupación en los mercados internacionales. El precio del petróleo se disparó ante el temor de una interrupción del suministro, alcanzando niveles no vistos en años.
Analistas advierten que una eventual ocupación de instalaciones petroleras iraníes o de la isla de Kharg podría desencadenar una escalada mayor del conflicto y afectar gravemente la economía global.
Por su parte, Irán rechazó las amenazas y aseguró estar preparado para responder a cualquier intervención, en un contexto donde la tensión entre ambas potencias continúa en aumento.
Mientras Trump sostiene que aún es posible alcanzar un acuerdo, sus declaraciones sobre tomar el control del petróleo iraní y la presión militar ejercida sobre el país reflejan un escenario cada vez más volátil.
La situación en Medio Oriente se encuentra en un punto crítico, donde la línea entre la negociación y una escalada mayor del conflicto parece cada vez más difusa.






