Lescano destacó que, por fortuna, hoy se habla mucho más de salud mental que años atrás. “Tenemos más naturalizado esto de preguntar qué es lo que me está pasando y darle a la salud mental la misma prioridad que a la salud física”, explicó.
En ese sentido, remarcó que cuando el bienestar mental se ve afectado, las consecuencias impactan en distintas áreas de la vida cotidiana. “Si hay algo que no está funcionando en nuestro bienestar mental o cerebral, eso nos implica y nos afecta en muchas áreas”, señaló.
Uno de los ejes centrales de la entrevista fue la diferencia entre estrés y ansiedad, dos conceptos que suelen confundirse.
Según explicó, el estrés suele estar vinculado a situaciones concretas y actuales. “Si me hablás de estrés, rapidito se me viene el estrés laboral: tengo un montón de cosas, me preocupa esto, ayer no pude dormir. Tiene que ver con una cuestión corta en el tiempo real y que está sucediendo en este momento”, detalló.
En cambio, la ansiedad está más relacionada con escenarios futuros e hipotéticos. “No necesariamente es una preocupación real de algo que está sucediendo, sino que tiene más en cuenta el futuro. Podemos sentir ansiedad por pensar escenarios hipotéticos o hacer predicciones sobre lo que va a pasar”, indicó.
Mientras que el estrés aparece frente a situaciones que la persona percibe como muy exigentes o tensionantes —especialmente cuando siente que no cuenta con las herramientas necesarias—, la ansiedad puede instalarse más en el plano mental, anticipando amenazas que aún no existen en la realidad.
La profesional también hizo hincapié en la importancia de aprender a escuchar el cuerpo. “Algo tan básico en nuestra humanidad y que podemos aprender todos es el registro corporal”, sostuvo.
Tensión en los hombros, molestias estomacales, cambios en el ritmo intestinal, dolores de cabeza o bruxismo son algunas de las señales que mencionó. “Son síntomas físicos que indican que nuestro cuerpo está en modo alerta, en un momento de amenaza, intentando defendernos de un peligro que está percibiendo”, explicó.
En muchos casos, ese “peligro” no es otro que la acumulación de tensiones cotidianas.




