El Ejército israelí intensificó este miércoles devastadores bombardeos en la Franja de Gaza y milicianos de Hamas lanzaron más cohetes desde el enclave hacia Israel, donde el primer ministro Benjamin Netanyahu y un líder de la oposición acordaron formar un «gobierno de emergencia» y un gabinete de guerra para dirigir la respuesta a los ataques.
El nuevo gabinete de guerra, que se centrará sólo en cuestiones relativas a la respuesta armada a los ataques del grupo islamista palestino Hamas y que durará hasta que ésta termine, estará formado por Netanyahu, el líder opositor Benny Gantz y el ministro de Defensa, Yoav Gallant.
El principal líder opositor, Yair Lapid, no forma parte de la alianza, aunque el comunicado oficial precisó que tiene «reservado» un puesto en el gabinete de guerra.
El resto del Gobierno de coalición de Netanyahu -un conjunto de partidos nacionalistas de extrema derecha y judíos ultraortodoxos- seguirá en sus puestos encargado de los asuntos cotidianos no relativos a la respuesta militar.
En Gaza, en tanto, cinco días después de los ataques de Hamas en Israel, los palestinos buscaban lugares seguros luego de que bombardeos israelíes a una escala «sin precedentes» demolieran barrios enteros, mientras que la única central eléctrica del territorio se quedó sin combustible y se agotaban los insumos en los hospitales.
“Estamos atacando la Franja de Gaza a una escala sin precedentes, porque lo que pasó aquí es algo que nunca había pasado antes», dijo este miércoles a periodistas el jefe de la Fuerza Aérea israelí, general Omer Tishler.
En la Franja de Gaza, el Ministerio de Salud del Gobierno de Hamas dijo que 1.100 palestinos, en su mayoría civiles, murieron en los bombardeos de Israel y que 5.300 resultaron heridos.
En Israel, el Ejército elevó a más de 1.200 la cifra de israelíes muertos en los ataques de Hamas, entre ellos 169 soldados. El Ministerio de Salud cifró los heridos en 3.007, entre ellos 28 en estado crítico y otros 354 con lesiones serias.
Las autoridades informaron de varios heridos por cohetes lanzados desde Gaza contra distintas ciudades, mientras que el movimiento islamista libanés Hezbollah atacó posiciones militares en el norte israelí y el Ejército israelí respondió con bombardeos a la zona del sur del Líbano de donde provinieron los disparos.
El sábado pasado, cientos de milicianos de Hamas se infiltraron en Israel desde la Franja de Gaza, mataron a centenares de civiles en sus casas, en las calles y en una fiesta electrónica al aire libre, además de secuestrar a civiles y soldados a los que amenazó con ejecutar en caso de que prosigan los ataques contra Gaza.
Desde entonces, Hamas y otros grupos armados del enclave han continuado disparando cohetes hacia Israel.
Se espera que el conflicto escale aún más, en medio de especulaciones de que Israel se prepara a lanzar una ofensiva terrestre contra el enclave en el que viven más de 2,3 millones de palestinos.
En ese sentido, Netanyahu calificó este miércoles la ofensiva de Hamas como «una salvajada que no se veía desde el Holocausto» perpetrado por el nazismo y prometió que su país «vencerá por medio de la fuerza».
Después del ataque, Israel detuvo la entrada de alimentos, agua, combustible y medicinas al territorio, una franja de tierra de 40 kilómetros de largo encajada entre Israel, Egipto y el mar Mediterráneo.
El único acceso restante desde Egipto fue cerrado ayer luego de ataques aéreos cerca del cruce fronterizo.
El ministro de Asuntos Exteriores de ese país, Sameh Shukri, indicó que «aspiran a abrir el paso fronterizo de Rafah para enviar la ayuda humanitaria», aunque no brindó más precisiones.
Tampoco comentó oficialmente sobre un alerta que le habría dado su país a Israel tres días antes del ataque, información que publicó la prensa hace unos días y que fue ratificada hoy por el congresista estadounidense Michael McCaul, jefe del Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes.
Mientras los palestinos se agolpaban en escuelas de la ONU y en un número cada vez menor de barrios seguros, organizaciones humanitarias insistieron con la necesidad de abrir corredores para hacer llegar la ayuda, al advertir que los hospitales abrumados por la afluencia de heridos se estaban quedando sin suministros.





