“No soy una anciana, soy una mujer grande y estoy muy informada”. La frase pertenece a Mirtha Legrand, quien en pocos días cumplirá 99 años y la pronunció con la lucidez y vitalidad que la caracterizan. Lee diarios todos los días, escucha radio, mira televisión, sale, trabaja y mantiene una intensa vida social. Su testimonio no es solo una anécdota: es el reflejo de una realidad que avanza en la Argentina y en el mundo.
Cada vez más personas alcanzan edades avanzadas y lo hacen en mejores condiciones físicas y cognitivas. Según datos del PAMI, actualmente hay 5.000 personas mayores de 100 años afiliadas en el país, un número impensado décadas atrás. La evolución de la medicina, el cuidado de la salud y los cambios en los hábitos de vida explican, en parte, este fenómeno.
Pero el envejecimiento poblacional no llega solo. En paralelo, la Argentina atraviesa una drástica caída en la tasa de natalidad. Desde 2014, los nacimientos se redujeron alrededor de un 40%. Las cifras son elocuentes: en 2015 el promedio era de 1,8 hijos por pareja, mientras que en 2025 ese número descendió a poco más de un hijo. Menos chicos, más adultos mayores.
Un cambio estructural
Este escenario plantea una pregunta de fondo: ¿vamos hacia una sociedad con menos nietos y más abuelos? La respuesta parece estar tomando forma. El médico especialista en gerontología Diego Bernardini, quien brindó una conferencia en Rafaela el año pasado, viene advirtiendo sobre este proceso a nivel global.
Algunos ejemplos lo ilustran con claridad: en China hay más personas mayores de 60 años que toda la población de Rusia; en Estados Unidos, los adultos mayores controlan el 70% de la economía doméstica; en varias ciudades europeas ya se ven más bastones y sillas de ruedas que cochecitos de bebés; y en Japón se vende más ropa interior absorbente que pañales infantiles.
Argentina no es ajena a esta transformación.
La vejez activa, una oportunidad
Lejos de ser un sector pasivo, los adultos mayores cumplen un rol central en la vida social. En el país, entre 7 y 8 de cada 10 personas mayores son propietarias de la vivienda en la que viven, y entre el 15 y el 18% realiza tareas de voluntariado, desde cuidar nietos hasta acompañar pacientes en hospitales. El 70% de ese trabajo solidario es realizado por mujeres.
La vejez, entonces, ya no puede pensarse únicamente desde la dependencia o la fragilidad. Se trata de una etapa cada vez más larga, diversa y activa, que interpela al Estado, a las políticas públicas y a la sociedad en su conjunto.
El desafío está planteado: adaptarse a una Argentina que envejece, con menos nacimientos y más años por delante, donde la pregunta no es solo cuántos vivimos, sino cómo y en qué condiciones lo hacemos.







