El precio internacional del petróleo volvió a escalar con fuerza y alcanzó niveles cercanos a los US$116 por barril, en medio de una creciente tensión geopolítica en Medio Oriente que sacude a los mercados financieros globales. La suba, que ya ronda el 60% en marzo, se perfila como una de las mayores alzas mensuales registradas en los últimos años.
El detonante principal es la intensificación del conflicto entre Estados Unidos e Irán, que incluye amenazas directas sobre infraestructuras energéticas y un aumento de la presencia militar en la región. Declaraciones recientes del presidente estadounidense, que incluso planteó la posibilidad de “tomar el control” del petróleo iraní, incrementaron la incertidumbre en los mercados.
En este contexto, las bolsas asiáticas reaccionaron con fuertes caídas, con retrocesos de hasta el 3% e incluso mayores en algunas plazas, reflejando el temor a un impacto económico global más profundo. La volatilidad se explica por el riesgo de interrupciones en el suministro energético, especialmente tras los ataques y bloqueos en zonas clave como el estrecho de Ormuz, por donde circula cerca del 20% del petróleo mundial.
La crisis energética también comienza a trasladarse a otros sectores. El encarecimiento del crudo ya impulsa subas en combustibles, presiona la inflación global y amenaza con desacelerar el crecimiento económico. Analistas advierten que, de prolongarse el conflicto, el barril podría seguir subiendo y agravar el escenario, con riesgos incluso de recesión en distintas economías.
Así, el mercado energético se encuentra en una situación crítica, atravesado por factores geopolíticos que mantienen en vilo a inversores y gobiernos, en un contexto donde cualquier escalada adicional podría profundizar la inestabilidad global.






