Ese Berta Tornado que corrieron en la extinta Mecánica Argentina Fórmula Uno los pilotos Héctor Prono, Carlos Ternengo, Carlos Ruesch y Jorge Juan Ternengo, fue declarado patrimonio histórico de los rafaelinos y Gieco cedió la propiedad del mismo -un gran gesto teniendo en cuenta el alto valor del coche diseñado y motorizado por el “Mago” Oreste Berta-, con el compromiso del Club de Autos Antiguos, del municipio y de las personas involucradas en el proyecto, de regresarlo a la vida. ¿De qué manera? Restaurándolo en todos sus elementos, incluido el motor.
Para eso, el auto fue trasladado al galpón de Classic Cars Garage (CCG), mientras el Colegio de Arquitectos diseñaba la “caja” en la cual será exhibido el coche una vez que esté restaurado, y que ya se está construyendo en el portal de la sede del CAAR, en Yrigoyen y Juan B. Justo. Comenzó una tarea de desguace pieza por pieza, y recuperación de las partes vitales de la máquina, no sólo en sus aspectos mecánicos, sino en la parte estética.
Lucas Bauducco e Iván Alovatti, de CCG, trabajaron duramente y también pusieron manos a la obra a la restauración del corazón del auto: el motor Tornado, que estaba roto desde que incursionó por última vez en las pistas, a principios de los ’80. Había que repararlo, ponerlo en condiciones de funcionamiento y encenderlo, para luego comenzar con el trabajo de puesta a punto definitivo.
Este jueves llegó el momento decisivo: el de darle arranque al motor reparado. Para eso, nada mejor que Rodolfo Gieco. Y allí estuvieron también el presidente del CAAR, Héctor Platini, y Juan Carlos Basso, dos artífices indispensables en todo el proceso. Rodolfo apretó el botón de encendido y el rugido de los seis cilindros del Tornado hizo vibrar al taller y también a los corazones de los presentes. Como no podía ser de otra manera. Gieco no aguantó la emoción y se estrechó en un abrazo con Héctor Platini, en donde no faltaron las lágrimas y los agradecimientos mutuos.

Todavía falta para que el auto esté terminado y pueda volver a ser protagonista de exhibiciones en el óvalo de Rafaela. Sin chicanas, porque el Berta Tornado sabe lo que es encarar los curvones con “fierro” a fondo, de la época en que las 500 Millas eran la gran cita del automovilismo argentino. ¿Será para cuando se presente el TC en Rafaela, con ese gran marco de público que siempre tiene la categoría? ¿O se reserva para una ocasión todavía más especial?
Mientras tanto, el Tornado volvió a latir. Cuarenta años después de apagarse para un largo sueño, despertó a la vida. Y una porción grande nuestra historia deportiva revivió con él.






