La comunidad educativa de San Cristóbal aún no sale del asombro tras el fatal episodio que terminó con la vida de un estudiante de 13 años. Carolina Morel, docente de la institución, se encontraba en el establecimiento en el momento del ataque y brindó un relato pormenorizado de cómo reaccionó el cuerpo docente ante lo imprevisible. Según explicó, todo comenzó en las primeras horas de la mañana, minutos antes del izamiento de la bandera, cuando escucharon detonaciones que inicialmente no asociaron con un arma de fuego. La situación cambió drásticamente cuando una colega regresó desesperada a la sala de profesores advirtiendo que un alumno estaba disparándole a otros. En ese estado de shock, los docentes activaron de inmediato los protocolos de emergencia: mientras unos llamaban a la policía y al hospital, otros intentaban comunicarse con las familias para alertar sobre la situación. Al percibir que el agresor se dirigía hacia el sector donde ellos se encontraban, tomaron la decisión de trabar la puerta de la sala de profesores con una mesa y tirarse todos al piso para evitar ser alcanzados por los disparos, buscando mantenerse ocultos y a salvo ante la incertidumbre de cómo procedería el atacante. Morel relató que el terror cesó momentáneamente cuando observaron que otros dos miembros de la comunidad educativa lograron desarmar al joven. Al salir de su refugio, vieron al agresor sentado cerca de la sala de profesores, en un evidente estado de shock y con la mirada perdida, mientras otros docentes intentaban contenerlo. Paralelamente, el resto del alumnado huía despavorido hacia los patios externos y la calle, siendo luego trasladados a una plaza cercana para su resguardo, donde preceptores y profesores los custodiaron hasta que sus padres pudieron retirarlos. La docente recordó con profundo dolor el momento en que, al salir a la vereda, se acercaron a uno de los chicos que yacía en el piso para verificar si tenía signos vitales, deduciendo lamentablemente que ya había fallecido. Sobre la víctima, Morel mencionó que se trataba de un alumno de primer año que se había incorporado recientemente en marzo, describiendo al curso como un grupo armónico que no había presentado signos de violencia previos. Finalmente, la profesora reflexionó sobre la necesidad de un trabajo mancomunado entre la provincia, el municipio y la sociedad para abordar la salud mental como una parte esencial de la educación. Tras vivir lo que calificó como una de las peores imágenes de su vida y sentir el terror de no saber hacia dónde derivaría el ataque, Morel destacó que la unión de todos los actores de la escuela fue clave para tomar decisiones en medio del desborde y acompañar a las familias en medio de la desesperación y la incertidumbre.





