Desde este jueves, los teléfonos celulares importados comenzaron a ingresar a la Argentina sin pagar aranceles. La decisión oficial elimina por completo la tasa aduanera que hasta mayo de 2025 era del 16% y que luego se había reducido al 8%. El objetivo central: más competencia y precios más bajos para los consumidores.
El ministro de Economía, Luis Caputo, celebró la medida y aseguró que forma parte del compromiso de reducir impuestos y facilitar el acceso a la tecnología. Según datos oficiales, desde que comenzó el recorte arancelario el año pasado, los precios de distintos modelos bajaron entre un 25% y un 35%, aunque de manera desigual.

Desde el Gobierno sostienen que la eliminación total del arancel permitirá ampliar la oferta y generar un descenso adicional de alrededor del 30% en los valores finales. Sin embargo, aclaran que el impacto no será inmediato y dependerá de factores como el stock, la competencia entre marcas y la evolución del dólar.
En paralelo, la medida volvió a encender las alarmas en Tierra del Fuego, donde se concentra gran parte de la producción nacional de electrónicos. Desde la UOM de Río Grande advirtieron que la quita de aranceles “complica aún más” la situación de las fábricas locales y pone en riesgo puestos de trabajo. El gremio ya había protagonizado paros en 2025 ante decisiones similares.

Mientras tanto, en el mercado comienzan a verse señales de movimiento: cadenas de supermercados y retailers ofrecen celulares desde valores cercanos a los $160.000, con promociones y descuentos agresivos. La gran incógnita es si estas rebajas se sostendrán en el tiempo y llegarán a toda la gama de dispositivos.
La eliminación de aranceles abre así un nuevo capítulo en la política comercial del Gobierno: precios potencialmente más accesibles para los consumidores, pero con un fuerte debate sobre el futuro de la industria nacional.






