La historia de Erika y Matías Peralta Proske no es solo un testimonio de amor, sino también una invitación a mirar de frente una realidad silenciosa: miles de chicos crecen en instituciones sin que sus carpetas sean consideradas por familias adoptivas. En diálogo con Hoy por Hoy por Mitre Santa Fe, ambos compartieron su experiencia y su compromiso por visibilizar la situación de los más de 10.000 niños que hoy esperan una oportunidad en Argentina.
Erika adoptó a Matías hace 13 años, cuando él vivía en Casa Cuna de Santa Fe. Fue amor a primera vista, según cuenta. Pero más allá de la emoción, la decisión implicó derribar una larga lista de prejuicios sociales. “Me decían que tuviera miedo a que se drogara, a que fuera violento por la violencia que había sufrido. Y yo respondía: ¿acaso los chicos biológicos no pueden atravesar esas situaciones? No estamos condenados a repetir la historia”, afirmó. Para ella, adoptar a un niño mayor fue un acto de confianza en la capacidad humana de cambiar y sanar.
Matías, hoy de 24 años, recuerda con claridad cómo la esperanza se va apagando para los chicos que crecen en residencias. “Mientras más años cumplís, sabés que tus probabilidades disminuyen. A veces se siente más desesperanza que otra cosa”, dijo. Pero él eligió transformar esa experiencia en acción: escribió el libro Soy el Matías. Ni víctima ni premio consuelo, donde narra su historia y busca acompañar a otros jóvenes que atraviesan procesos similares.

Junto a su mamá también lanzó un video para difundir la apertura de inscripciones al RUAGA, el Registro Único de Aspirantes a Guarda con Fines Adoptivos, que en Santa Fe estará habilitado del 10 al 20 de diciembre. Matías insiste en que su lucha hoy es por los miles de chicos institucionalizados: “Cuando visito residencias como acompañante convivencial, lo primero que hacen los chicos es correr a decirme su nombre. Es su forma de decir ‘mírame, acá estoy’. Eso mismo sentía yo”.
Erika destaca que el sistema cambió significativamente con la nueva ley y que hoy existen más posibilidades: familias monoparentales, parejas del mismo sexo y personas sin vivienda propia también pueden adoptar. “Es mucho más diverso. Y además, en Santa Fe no hay ninguna familia inscripta para adoptar niños mayores de 10 años. Si alguien presenta la carpeta y está todo bien, puede formar familia en pocos meses”, reveló.
El mensaje de ambos es claro: el vínculo nace del amor, no de la sangre. “A cualquier edad se puede aprender a ser hijo y a ser padre”, remarcó Erika. Y recordó que más del 85% de los chicos institucionalizados tienen más de seis años, una franja etaria sobre la que pesan prejuicios injustos que frenan su derecho a crecer en familia.
Para más información o consultas, Matías compartió su Instagram: @soyelmatiasok.
La inscripción al RUAGA en Santa Fe se realiza por correo electrónico a registros@santafe.gob.ar





