El juicio oral por la causa Spaggiari continúa sumando testimonios de personas que confiaron sus ahorros al grupo investigado. En esta oportunidad, un jubilado de Rafaela, exempleado de comercio, relató cómo ingresó al esquema de inversiones y las consecuencias que tuvo la pérdida del dinero que había reunido durante décadas.
Según contó ante el Tribunal, su vínculo comenzó alrededor de 2021, por recomendación de dos amigos que también tenían dinero invertido. En ese momento, buscaba una alternativa para que sus ahorros no permanecieran inmovilizados. “Tenía un dinero ahorrado y me sugirieron que lo colocara para no tenerlo parado”, recordó.
Al principio, aseguró, la operatoria funcionaba con normalidad. Durante aproximadamente uno o dos años recibió los intereses mensualmente, hasta que comenzaron las dificultades para cobrar.
“Me chamuyó”: cómo llegó a confiar en el grupo
El testigo explicó que quien lo acercó inicialmente fue Gabriel Ullmann (empleado), aunque ante una pregunta de la defensa reconoció que su interés por invertir también había surgido porque tenía conocidos que ya habían colocado dinero. Según su relato, Ullmann le habló de una empresa vinculada a la fabricación de ladrillos de cemento y a emprendimientos de construcción.
Dijo que prácticamente no lo conocía, pero que recibió folletos y explicaciones sobre una estructura empresarial que se presentaba como consolidada. “Me atrapó porque me chamuyó”, resumió al explicar por qué confió en él.
También recordó que Ullmann le habló de una fábrica de ladrillos y de un grupo de construcción que desarrollaba distintos proyectos. La presentación, según contó, le transmitió la impresión de que se trataba de una empresa con actividad y capacidad para sostener las inversiones.
Sin embargo, aclaró que quien lo atendía habitualmente después era una mujer a la que identificó como Miriam Bravo (empleada). Según su testimonio, ella era la encargada de pagarle los intereses durante el período en el que la operatoria funcionó.
Invirtió nuevamente y aceptó unificar los convenios
El jubilado recordó que su primera inversión fue de 10.000 dólares. Más adelante, después del fallecimiento de su esposa, volvió a reunir entre 8.000 y 10.000 dólares y decidió colocarlos nuevamente. La segunda operación habría sido alrededor de marzo de 2021, aunque reconoció que no recordaba con precisión todas las fechas.
Contó que, en esa oportunidad, tuvo que cambiar algunos billetes que le habían rechazado por tener marcas. Según explicó, había recibido esos dólares al vender un automóvil y debió realizar el trámite para poder entregarlos sin inconvenientes. Con el paso del tiempo, los convenios terminaron unificándose y se extendieron los plazos de devolución.
El testigo dijo que aceptó las condiciones porque en ese momento no necesitaba disponer inmediatamente del dinero. Además, atravesaba una situación personal difícil tras la muerte de su esposa y había quedado solo en una casa que consideraba demasiado grande.
Incluso relató que en algún momento se habló de la posibilidad de acceder a un departamento de propiedad del grupo, una alternativa que le interesaba por su situación personal. Sin embargo, aseguró que esa posibilidad tampoco avanzó.
La última reunión y la promesa de devolver el dinero
El testigo ubicó en noviembre de 2022 la reunión en la que, según recordó, les comunicaron a los inversores que ya no podían seguir pagando. Allí les habrían pedido paciencia hasta el 15 de enero, fecha a partir de la cual comenzarían a llamar para organizar las devoluciones.
El encuentro se realizó en una oficina que el grupo tenía sobre calle Ayacucho, según su testimonio. Antes, había iniciado su relación con la empresa en una sede ubicada sobre bulevar Roca. Aseguró que la última vez que cobró habría sido en octubre de ese año. Después de la reunión, dijo, dejó de recibir respuestas y nunca consiguió recuperar el capital ni los intereses pendientes.
También contó que fue convocado para firmar convenios de reconocimiento de deuda, pero que las promesas de pago no se concretaron. La falta de respuestas fue uno de los aspectos que más indignación le generaron. Según expresó, tampoco consiguió que le brindaran información clara sobre cuándo le devolverían sus ahorros.
Necesitaba dinero para una operación de la vista
Uno de los momentos más duros de su declaración estuvo relacionado con una cirugía ocular que debía realizarse en Santa Fe. Explicó que necesitaba alrededor de 5.000 dólares para afrontar el costo de la intervención, que no podía cubrir a través de su mutual.
Aseguró que intentó comunicarse con quienes administraban sus inversiones para pedir, al menos, el dinero necesario para la operación, pero no obtuvo respuesta.
El jubilado sostuvo que la falta de comunicación fue una de las situaciones que más indignación le generaron. No solamente había perdido la posibilidad de disponer de sus ahorros, sino que tampoco conseguía una respuesta cuando necesitaba afrontar un gasto de salud.
La pérdida del dinero tuvo consecuencias que fueron más allá de lo económico. Relató que la situación provocó conflictos con sus hijos y que uno de ellos todavía no le habla. Además, explicó que no cuenta con otros ingresos más allá de su jubilación y que hoy atraviesa dificultades para sostenerse.
El dinero invertido, remarcó, era el resultado de décadas de trabajo. Había comenzado a trabajar a los 17 o 18 años y fue reuniendo sus ahorros hasta que encontró la posibilidad de colocarlos en el grupo. “Yo estoy viviendo de la jubilación y me va bastante mal”, expresó durante su declaración.
Su experiencia en la construcción y el cuestionamiento a los ladrillos
Durante la audiencia, el testigo también fue consultado por su conocimiento sobre la fabricación de ladrillos. Había cuestionado la calidad de los materiales que producía la empresa vinculada a los Spaggiari y manifestó que, por haber trabajado en el rubro de la construcción, tenía conocimientos sobre ese tipo de materiales.
En ese contexto, desde la defensa le preguntaron cuánto peso podía soportar un ladrillo convencional. El testigo respondió que alrededor de 40 kilos por metro cuadrado.
La consulta avanzó entonces hacia los ladrillos que supuestamente fabricaba la empresa. Sin embargo, ante una pregunta de la defensa sobre si había realizado alguna prueba para comprobar que esos materiales no resistían, reconoció que no.
Su apreciación, explicó, se basaba únicamente en lo que podía observar a simple vista y en su experiencia en el rubro. La defensa, por su parte, señaló que los ladrillos fabricados por los hermanos podían resistir más que el límite habitual.
Fuente: Rafaela Noticias






