Una comerciante de Rafaela invirtió US$ 2.000 después de conocer al grupo por una operación inmobiliaria de su familia. Una joven, en tanto, quedó a cargo de una inversión de su padrino tras su fallecimiento y terminó con $350.000 comprometidos.
Las historias son distintas, pero tienen un punto en común: las dos llegaron al grupo Spaggiari a través de personas conocidas, confiaron en una propuesta que durante un tiempo pareció funcionar y terminaron enfrentando demoras, explicaciones y reclamos sin respuesta.
Una de ellas era comerciante y se acercó al grupo mientras buscaba compradores para una propiedad de su familia. La otra recibió el dinero de su padrino, quien había invertido después de conocer a Fernando Spaggiari por trabajos de construcción que realizaba junto a su padre.
Durante el juicio oral, ambas contaron cómo se desarrollaron sus inversiones, qué ocurrió cuando dejaron de recibir los pagos y de qué manera la situación siguió presente en sus vidas incluso después de varios años.
Una operación inmobiliaria y una propuesta para ganar intereses
La comerciante recordó que tomó contacto con el grupo alrededor de agosto de 2021. Sus familiares tenían una propiedad en Rafaela que querían vender y ella se encargaba de buscar quién pudiera comercializarla.
En ese contexto, un empleado al que identificó como Germán le propuso invertir dinero a cambio de una rentabilidad mensual. Según relató, durante las conversaciones le hablaron de las actividades comerciales del grupo, entre ellas una fábrica de aberturas, una fábrica de ladrillos y distintas inversiones inmobiliarias.
La propuesta le pareció una alternativa para obtener un rendimiento de sus ahorros y decidió avanzar junto con su padre.
El primer convenio se firmó en agosto de 2021 por US$ 1.600. La intención inicial era mantener el dinero invertido durante seis meses. Sin embargo, cuando llegó el momento de renovar, continuaron con el acuerdo y en agosto de 2022 agregaron otros US$ 400, por lo que el capital ascendió a US$ 2.000.
La joven que declaró en la misma causa llegó al grupo por otra vía. Su padre y su padrino habían conocido a Fernando Spaggiari mientras realizaban trabajos de construcción en su casa. A partir de ese vínculo, el padrino abrió una cuenta de inversión en febrero de 2021 y la designó como beneficiaria.
Cuando él falleció, en octubre de ese año, ella quedó a cargo de la cuenta y comenzó a administrar el dinero que le había dejado.
Durante el primer año, según aseguró, los intereses se pagaban mensualmente y en los plazos acordados. Esa experiencia fue determinante para que decidiera continuar con la inversión cuando venció el contrato, en febrero de 2022. En esa oportunidad lo renovó y agregó más dinero, hasta alcanzar un total de $350.000.
La confianza que se sostuvo mientras llegaban los pagos
En los dos casos, la decisión de continuar estuvo relacionada con la confianza que habían construido a partir de los primeros contactos y del funcionamiento que habían observado.
La comerciante explicó que los pagos de intereses se organizaban mediante turnos. Al principio coordinaban por WhatsApp y después utilizaban un sistema desde el celular para elegir el día y el horario en que podían presentarse a cobrar.
Según su declaración, quien habitualmente le entregaba el dinero era Miriam, una empleada del grupo, con quien también se comunicaba para coordinar los pagos.
La situación cambió después de la renovación de agosto de 2022. La testigo no pudo precisar si llegó a cobrar algún interés tras firmar el nuevo convenio, pero recordó que una vez se presentó a retirar el dinero y le dijeron que no tenían dólares disponibles. Le ofrecieron pagarle en pesos.
“Yo me quedé y dije: ‘No, no, dejalos para el próximo mes’”, recordó.
Ese pago quedó pendiente. Después dejaron de asignarle turnos, sus mensajes ya no recibían respuesta y no pudo volver a cobrar.
La experiencia de la joven había sido diferente hasta ese momento. Ella sostuvo que durante el primer año los intereses se habían abonado con normalidad y que, cuando decidió renovar el contrato, no tenía motivos para pensar que la situación cambiaría.
“Como el primer año fue todo normal, yo confié en que iba a seguir siendo así”, recordó durante el juicio.
Su expectativa comenzó a desmoronarse entre septiembre y octubre de 2022, cuando los turnos que solicitaba por el sistema online empezaron a cancelarse o postergarse.
Finalmente, recibió un mensaje por WhatsApp con una cita en las oficinas del grupo. Al llegar, encontró a otras personas convocadas para el mismo horario. Según relató, las hicieron pasar a una sala de reuniones y les informaron que serían atendidas individualmente.
Cuando llegó su turno, una mujer le comunicó que la firma ya no podía continuar pagando los intereses.
Las explicaciones y los intentos por recuperar el capital
A partir de ese momento, las dos comenzaron a buscar respuestas, aunque por caminos diferentes.
La comerciante decidió comunicarse con Germán, quien, según declaró, le explicó que la situación económica del país les impedía cumplir con los pagos de intereses a quienes habían invertido dinero. También le facilitó el número de Gabriel, otro empleado que supuestamente podía orientarla sobre cómo continuar el reclamo.
Durante esa comunicación le mencionaron la posibilidad de firmar nuevos convenios para reconocer la deuda y establecer un esquema de devolución paulatina. Sin embargo, después de un primer contacto, sus nuevos mensajes quedaron sin respuesta y tampoco consiguió avanzar por esa vía.
La joven, por su parte, recibió una explicación directamente en las oficinas del grupo. Como su padre conocía a Fernando Spaggiari, la mujer que la atendió le sugirió que regresara por la tarde junto a él para mantener una reunión con Fernando y Matías Spaggiari.
Según contó, durante ese encuentro ambos reiteraron que no podrían continuar pagando los intereses y que la prioridad sería devolver el capital invertido. También les señalaron que, por tratarse de montos relativamente pequeños, era probable que pudieran reintegrarles el dinero pronto.
Además, les proporcionaron los números telefónicos de los abogados para que se comunicaran directamente con ellos.
La testigo aseguró que, pese a los intentos de contacto, nunca obtuvo una respuesta concreta y la devolución tampoco se produjo.
Durante su declaración aclaró que el dinero había sido reinvertido mediante la renovación del contrato, sin retirarlo físicamente. Recordó también que una empleada de la caja, a quien describió como rubia y de unos 40 años, era quien habitualmente le pagaba los intereses y que probablemente fue ella quien le entregó el nuevo contrato para firmar.
Su padre, además, tenía una cuenta independiente en la firma y tampoco había podido recuperar ese dinero.
Dos formas de atravesar una pérdida que sigue presente
Cuando le preguntaron por las consecuencias personales de lo ocurrido, la comerciante reconoció que la situación le había provocado bronca y malestar. Con el paso del tiempo, dijo, esas sensaciones fueron disminuyendo, aunque el tema todavía aparece en su vida cotidiana.
Su padre, de más de 80 años, sigue preguntándole si hay novedades sobre la posibilidad de recuperar el dinero.
En el caso de la joven, la pérdida tuvo un significado particular porque los fondos provenían de su padrino fallecido. No se trataba solamente de una inversión: era un dinero que había recibido de alguien que había confiado en ella.
“Era una plata que no era mía, era de él, por más que la había heredado”, explicó durante el juicio.
También recordó que todavía atravesaba el duelo cuando decidió renovar el contrato. En aquel momento no tenía previsto utilizar el dinero en lo inmediato y creyó que podía continuar con el sistema porque los pagos se habían realizado sin inconvenientes durante el primer año.
“Era algo que él me había dejado a mí, que él había confiado en mí”, expresó al recordar lo ocurrido.
Con el tiempo, su expectativa de recuperar los $350.000 cambió. Consultada sobre qué esperaba del juicio, dejó en claro que su reclamo no se limitaba a una eventual devolución del capital.
“Hoy por hoy la verdad es que ya lo tengo asumido, que esa plata no va a volver”, afirmó.
Y agregó: “Yo lo que espero es que ellos puedan pagar el error que cometieron, más allá de si recibimos o no el capital que cada uno tenía invertido, que esto no quede en nada”.
Fuente: Rafaela Noticias







