Durante décadas, comprar el diario a primera hora fue parte de la rutina de miles de rafaelinos. Sin embargo, esa escena prácticamente desapareció. Rafaela Noticias recorrió distintos puestos de diarios y revistas de la ciudad y encontró un oficio que atraviesa una profunda transformación, con menos ejemplares, lectores cada vez más grandes y una distribución que perdió uno de sus principales atractivos: la llegada temprana de las noticias.
El problema comienza incluso antes de que el lector llegue al kiosco. Los diarios nacionales que se distribuyen en Rafaela pueden aparecer recién al mediodía, durante la tarde o, en algunos casos, directamente no llegar. Publicaciones como Clarín, La Nación y Perfil perdieron así la tradicional ventana de venta de la mañana.
En uno de los puestos visitados por este medio, un miércoles cerca de las 11, todavía no había llegado el diario del día. Según explicó Fernando, uno de los kiosqueros consultados, las dificultades de transporte y distribución hacen que los ejemplares puedan arribar a las 12, 14 o incluso 16 horas.
“O llega tarde o directamente no llega”, podría resumirse como la situación que atraviesa actualmente al diario papel en la ciudad.
A esto se suma una caída sostenida en la cantidad de ejemplares vendidos. Los números permiten dimensionar el cambio. Un kiosquero recordó que años atrás podía vender alrededor de 120 o 130 ejemplares de Clarín un domingo. Hoy, en algunos puestos, esa cifra no supera los 30 ejemplares. En otro caso, las ventas dominicales se redujeron a apenas 7, 8 o 10 unidades.
El fenómeno no se limita a los diarios nacionales. En Rafaela, de las publicaciones locales que históricamente llegaban a los puestos, actualmente El Castellanos es el único diario local y sale una vez por semana, los sábados.
El kiosco que tuvo que cambiar para sobrevivir
La caída del diario obligó a los vendedores a modificar completamente el negocio. El puesto que antes tenía como actividad principal la venta de diarios y revistas ahora necesita incorporar otros productos para mantenerse abierto.
Juguetes, artículos de bazar, cuchillos, tablas para picar, recargas de tarjetas, fotocopias y distintos servicios forman parte de una reconversión que los propios trabajadores resumen de una manera contundente: “reconvertirse o cerrar”.
En ese nuevo escenario, las colecciones encontraron un lugar central. Fascículos infantiles, o autos de colección de Fórmula 1, Turismo Carretera, Rápido y Furioso. También salen distintos pasatiempos, como las sopas de letras.
Otro de los cambios que destacan los kiosqueros es el perfil del público. La mayor parte de quienes todavía compran diarios y revistas son personas mayores de 50 años.
El problema aparece al mirar hacia las generaciones más jóvenes. Los trabajadores del sector aseguran que existe poco recambio entre los menores de 40 años y que el hábito de comprar el diario en papel dejó de transmitirse como ocurría décadas atrás.
La explicación tiene múltiples componentes. La información está disponible de manera inmediata a través de teléfonos celulares, redes sociales y sitios de noticias, mientras que el diario impreso perdió justamente una de sus principales ventajas históricas: ser el lugar donde se encontraba la información del día a primera hora.
El precio también pesa
A la transformación del hábito se suma el costo. Actualmente, un ejemplar de El Castellanos ronda los $3.000, mientras que la edición dominical de Clarín llega a unos $9.000, según los valores mencionados por los vendedores consultados.
Las revistas también sienten el impacto. Algunas publicaciones de farándula, decoración y otros segmentos alcanzan valores de entre $4.800 y $14.000, lo que llevó a muchos lectores a espaciar sus compras.
En cambio, las revistas de entretenimiento, pasatiempos y determinadas colecciones todavía mantienen un público más estable.
El cambio no es solamente comercial. También pone en discusión el futuro de un oficio que durante décadas formó parte del paisaje de las ciudades: el canillita detrás de su puesto, esperando la llegada de los diarios y preparando los ejemplares para los primeros lectores de la jornada.

Hoy, ese trabajador puede pasar buena parte del día esperando una distribución que ya no garantiza la llegada temprana del diario y necesita complementar sus ingresos con productos y servicios que poco tienen que ver con la prensa escrita.
“Es un trabajo que si vos no lo heredás por oficio, es muy difícil que lo quieras comenzar”, explican desde el sector.
El diario de papel todavía existe en Rafaela. Todavía hay lectores que lo buscan y puestos que lo venden. Pero el recorrido realizado por Rafaela Noticias muestra que aquella escena del diario llegando temprano y agotándose durante la mañana quedó muy lejos.
Ahora el papel espera al lector. Y, muchas veces, el lector ya no espera al papel.
Fuente: Rafaela Noticias







