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Home NOTICIAS DESTACADAS

Un triángulo amoroso y un condenado con tobillera desataron una pesadilla para una familia rafaelina

Una relación sentimental terminó en una denuncia por amenazas de muerte. Alejo R., condenado por venta de droga, habría llegado con un arma a una casa de barrio Mora mientras cumplía prisión domiciliaria con tobillera.

22/09/2026
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Eran alrededor de las 22 horas del 31 de agosto cuando un Renault Megane negro llegó hasta una vivienda de barrio Mora. Según la acusación fiscal del Dr. Martín Castellano, Alejo R. bajó del vehículo y se presentó ante el padre de una familia con un mensaje que rápidamente transformó una vieja disputa sentimental en una denuncia penal. La discusión, de acuerdo con lo expuesto durante la audiencia, tenía un origen concreto: una relación entre el hijo de la familia y la pareja del imputado.

Pero aquella noche, según denunció el hombre, las palabras fueron mucho más allá de una discusión. Alejo R. habría amenazado con matar al padre, a su hijo y al resto de la familia. Y, siempre según la acusación, levantó su remera y mostró una pistola que llevaba en la cintura.

Minutos después, frente a la vivienda, se produjo una balacera en la que se efectuaron al menos 14 disparos contra la casa y el vehículo de la víctima. Este episodio no fue atribuido, por el momento, a Alejo R., ya que no hay elementos que permitan vincularlo directamente con ese ataque, aunque sí se lo acusa por las amenazas previas.

Había un dato que hacía todavía más particular la escena: el hombre que supuestamente estaba frente a la puerta de aquella casa llevaba una tobillera electrónica y cumplía una condena de seis años bajo prisión domiciliaria.

Durante la audiencia, la víctima no habló solamente de aquella noche. Habló de lo que vino después. Contó que su familia dejó de vivir como antes. Que instalaron cámaras de seguridad y que comenzaron a turnarse para dormir y mirar qué ocurría alrededor de la vivienda.

Su hijo, más chico, antes podía trasladarse solo sin mayores preocupaciones. Después de lo ocurrido, comenzó a tener miedo y ya no quería hacerlo.

La familia llegó incluso a modificar dónde y cómo dormía. Según contó el padre, los tres comenzaron a dormir juntos en una habitación sin ventana hacia el frente, porque el temor quedó instalado después de otros episodios que, según relató, habían afectado a la familia.

“Nos cambió la vida”, fue, en definitiva, el sentido de su declaración.

El hombre explicó ante el juez que ya no siente que pueda caminar tranquilo por la calle. Que viven pendientes de las cámaras y de lo que pueda ocurrir. Y dejó una definición que marcó toda su declaración: dijo que no le importaba si Alejo R. iba preso o no. Quería que simplemente los dejaran en paz.

El triángulo que terminó en Tribunales

La defensa, a cargo de la Dra. Georgina Allasia, reconstruyó durante la audiencia otra parte de la historia. Según su planteo, el hijo de la familia había mantenido una relación sentimental con la pareja de Alejo R. Cuando ese vínculo terminó, sostuvo la defensora, el joven habría continuado buscándola e insistiendo con ella.

Allasia hizo referencia a una entrevista realizada a la mujer e incorporada a la investigación. Según explicó, allí quedaría expuesto el conflicto previo y una versión diferente sobre cómo se desencadenó el enfrentamiento. Para la defensa, ese antecedente era importante porque podía explicar un interés del hijo en perjudicar al imputado.

La abogada también puso bajo la lupa uno de los puntos centrales de la acusación: la tobillera.

El Tribunal Oral Federal había informado que Alejo R. no tenía autorización para salir de su domicilio el 31 de agosto. Sin embargo, Allasia remarcó que no se había incorporado un reporte específico del sistema de monitoreo que demostrara que ese día el dispositivo hubiera registrado una salida o una violación del perímetro.

También cuestionó la identificación del Renault Megane, el valor de las capturas de mensajes y redes sociales y señaló que durante el allanamiento realizado en el domicilio del imputado no apareció el arma que, según la acusación, habría sido utilizada en las amenazas.

El fiscal pidió cárcel

Para el fiscal Martín Castellano, el conjunto de la evidencia permitía sostener la materialidad del hecho y la probable autoría de Alejo R.

El representante del Ministerio Público puso especial énfasis en que, de comprobarse las amenazas, habrían sido realizadas mientras el imputado se encontraba bajo una modalidad de detención que le impedía salir libremente de su domicilio.

Además, sostuvo que existía un riesgo concreto de que pudiera intimidar o influir sobre las víctimas y sus familiares, justamente porque la investigación todavía debía avanzar hasta una eventual instancia de juicio.

Por eso pidió que Alejo R. dejara la prisión domiciliaria y pasara a cumplir prisión preventiva efectiva.

Lo que resolvió el juez

El magistrado tuvo en cuenta que todavía faltaba obtener información específica del sistema de monitoreo para establecer si la tobillera había registrado una salida de Alejo R. aquella noche. Pero entendió que esa ausencia de información no alcanzaba para descartar los restantes elementos de la causa.

El juez valoró especialmente la coincidencia entre los relatos del padre y su hijo sobre el lugar, el horario, la persona señalada y el contenido de las amenazas.

También consideró que la descripción del Renault Megane aportaba un elemento de corroboración y sostuvo que el conflicto previo planteado por la defensa no alcanzaba, en esta etapa, para descartar el relato del padre.

Con esos elementos, consideró acreditada la materialidad del hecho y la probable autoría de Alejo R., aunque se trata todavía de una etapa preliminar del proceso.

Sin embargo, la resolución tuvo un matiz importante: no ordenó que el acusado fuera trasladado a una cárcel.

Alejo R. continuará con prisión domiciliaria en Rafaela y con la tobillera electrónica.

La diferencia estará en los controles. Personal policial deberá presentarse periódicamente y en distintos horarios para comprobar que permanezca en el domicilio e informar los resultados a la Fiscalía y al organismo judicial correspondiente.

Ni un mensaje, ni una llamada, ni un intermediario

El juez también impuso una restricción especialmente amplia.

Alejo R. tiene prohibido mantener cualquier tipo de contacto con las víctimas y su núcleo familiar, ya sea personalmente, por teléfono, WhatsApp, redes sociales, a través de otra persona o mediante cualquier otro medio de comunicación.

La orden alcanza incluso a eventuales formas de contacto que puedan surgir en el futuro.

La medida será comunicada al Tribunal Oral Federal que controla la condena que Alejo R. ya cumple y al sistema encargado del monitoreo de la tobillera electrónica, que deberá informar cualquier incidencia detectada.

 

Fuente: Rafaela Noticias

Etiquetas: AudienciaimputadoTribunales de Rafaela
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