La bicicleta ocupa un lugar particular en la vida cotidiana de Rafaela. Es utilizada como medio de transporte, como herramienta de trabajo y también como una forma de practicar deporte.
En una recorrida por distintos rubros de la ciudad, Rafaela Noticias dialogó con Germán Leandri, quien desde hace más de una década se dedica a la reparación de bicicletas y conoce de cerca los cambios que atravesó la actividad.
Leandri contó que su vínculo con las bicicletas comenzó mucho antes de convertirlo en una actividad económica. De chico, reparaba y armaba bicicletas junto a sus amigos, en un contexto en el que muchas veces había que arreglarlas con los elementos disponibles.
“Cuando éramos chicos teníamos muchas bicis tiradas y sobrevivíamos en calles de tierra. Armábamos esas bicis como podíamos y ahí fui aprendiendo un poco”, recordó.
Con el tiempo, esa práctica se transformó en un oficio. Primero trabajó en otras bicicleterías y, alrededor de los 18 años, comenzó a tomarse la reparación de manera más profesional.

Un oficio que nunca termina de aprenderse
Para Leandri, la experiencia práctica es fundamental en este rubro. Si bien existen instancias de formación, buena parte del conocimiento se adquiere con el trabajo cotidiano.
“Se estudia, pero hay mucha práctica, muchísima práctica, y nunca se termina de aprender”, explicó.
La evolución de las bicicletas también obliga a mantenerse actualizado. En los últimos años cambiaron los rodados, los materiales, las geometrías y las características de los distintos modelos.
“En estos últimos siete u ocho años, la bicicleta cambió desde la 26 a la 29. Nunca se termina de aprender”, sostuvo.
¿Quiénes usan la bicicleta?
El perfil de quienes utilizan la bicicleta es variado. Según Leandri, en las zonas cercanas al centro aparece un usuario que puede tener otros medios de movilidad y utilizar la bicicleta ocasionalmente. En los barrios, en cambio, es más frecuente encontrar personas que dependen de ella diariamente para trasladarse.
“Si estás un poquito más en los barrios, tenés gente que usa la bicicleta todos los días para ir a trabajar”, explicó.
También hay una presencia importante de jóvenes, especialmente por la cercanía de instituciones educativas y por el crecimiento de disciplinas vinculadas al ciclismo.

Las calles y el mantenimiento
El estado de las calles también forma parte de la relación cotidiana entre las bicicletas y la ciudad. Leandri explicó que no necesariamente un problema puntual provoca una reparación, pero que el estado de las superficies, los adoquinados y algunos sectores de las ciclovías pueden contribuir al desgaste de componentes como cámaras, cubiertas y llantas.
“No digo que las calles de Rafaela estén detonadas, sino que el conjunto hace que la bicicleta llegue más rápido al taller”, aclaró.
A eso se suma otro factor: el mantenimiento. Muchas veces, señaló, la bicicleta llega al taller cuando el problema ya está avanzado, cuando una reparación preventiva podría haber evitado mayores inconvenientes.
Del parche de una cámara al armado de una rueda
Dentro de las reparaciones, algunas tareas son relativamente sencillas y pueden aprenderse con herramientas básicas. “Lo más fácil es emparchar una goma. Eso, prácticamente, si tenés más o menos herramientas, lo puede hacer cualquiera”, explicó.
En cambio, trabajar sobre una llanta y realizar correctamente el trenzado y la tensión de los rayos requiere mayor conocimiento y práctica.
“Cambiar una llanta ya es más complicado”, señaló.
Las bicicletas para hacer stunt
Entre las bicicletas que utilizan los jóvenes aparecen también las destinadas al stunt, una disciplina vinculada a maniobras y al manejo de la bicicleta sobre una rueda.
Leandri explicó que estos modelos presentan diferencias en su geometría respecto de una bicicleta tradicional. La posición del cuadro, la horquilla y otros componentes están pensados para facilitar determinados movimientos.
“La bicicleta de stunt está más pensada para hacer wheelie. El cuadro está un poquito tirado para arriba y la horquilla es un poquito más alta”, detalló.
Aunque pueden utilizar materiales similares a los de otras bicicletas, los refuerzos y las características del cuadro pueden variar de acuerdo con el uso para el que fueron diseñadas.
El desafío que dejan los Juegos Suramericanos
La llegada de los Juegos Suramericanos Santa Fe 2026 le da una dimensión especial al ciclismo en Rafaela.
Para Leandri, la construcción del nuevo velódromo representa un momento significativo para quienes están vinculados con la actividad. Su relación con ese espacio comenzó desde chico, cuando concurría al antiguo velódromo de la ciudad. “Iba desde los ocho años al velódromo viejo, con una bicicleta de paseo, una Rodo 20”, recordó.
Por eso, observar ahora la nueva infraestructura genera una sensación especial para quienes llevan años vinculados con el ciclismo.
“Ver el otro velódromo y también poder pedalear en otro velódromo, ver que toda la infraestructura es muy buena, la verdad que genera muchas emociones”, expresó. Pero más allá de la competencia internacional, plantea una pregunta que aparece entre quienes forman parte del ambiente: qué ocurrirá con toda esa infraestructura una vez que terminen los Juegos.
“Toda la gente se pregunta qué va a pasar después de los Juegos”, sostuvo Leandri, y consideró que quienes están vinculados con la bicicleta tendrán que asumir un compromiso para acompañar lo que suceda posteriormente.
El BMX Race, el BMX Freestyle y el ciclismo de pista son actividades que pueden ganar visibilidad a partir del evento. Sin embargo, su continuidad dependerá también de que existan espacios y condiciones para que quienes se interesen puedan seguir practicándolas.
“Quizás nosotros, que estamos muy metidos en la bicicleta, tenemos que tener un compromiso de gestión para ver y acompañar a la gente que se va a hacer cargo del después”, planteó.
Una actividad que también se mueve por los barrios
Rafaela cuenta con distintos talleres y bicicleterías distribuidos en la ciudad. Para Leandri, ese crecimiento también responde a una cuestión territorial: los barrios tienen usuarios que necesitan acceder a servicios de reparación sin tener que trasladarse hasta el centro. En ese sentido, mencionó distintos sectores de la ciudad donde la bicicleta forma parte de la movilidad cotidiana.
También destacó que dentro del ambiente existe un vínculo entre quienes se dedican a la actividad.
“Somos todos conocidos, charlamos, nos preguntamos cosas”, contó al referirse a los distintos talleres y personas vinculadas con el rubro.
Para Leandri, el crecimiento de estos espacios no necesariamente responde únicamente a un aumento en el uso de bicicletas, sino también a la posibilidad de desarrollar la actividad en distintos puntos de la ciudad.
Así, detrás de una actividad que muchas veces parece sencilla -reparar una bicicleta- aparece un universo mucho más amplio: oficio, movilidad, deporte, infraestructura y una cultura vinculada al ciclismo que en Rafaela tiene una historia de varias décadas.
Fuente: Rafaela Noticias





