La historia de Empujando Límites comenzó con un desafío familiar y terminó convirtiéndose en una iniciativa que busca promover la inclusión a través del ciclismo. Su impulsor, Juan Zemborain, contó que todo comenzó junto a su hijo Santi, quien tiene autismo e hipotonía muscular.
Cuando Santi tenía siete años, Juan decidió plantearle un desafío: aprender a andar en bicicleta con la mirada puesta en una futura travesía por la Cordillera de los Andes. “Le dije: ‘Vamos Santi, tenés que largarte solo a andar en bicicleta porque a los 15 nos vamos a ir a cruzar la Cordillera de los Andes’”, recordó.
Santi logró aprender, aunque había una dificultad: nunca le interesó frenar. Fue entonces cuando apareció una alternativa que cambiaría la historia de ambos: la bicicleta tándem, un rodado diseñado para ser utilizado por dos personas y que permite que alguien que no puede andar solo pueda disfrutar de la actividad. La experiencia tuvo un objetivo concreto. “Dos días antes de que cumpla 16 años llegamos al Océano Pacífico desde San Martín de los Andes, cumpliendo la promesa”, contó Zemborain.
La travesía se difundió rápidamente y comenzó a generar consultas de otras familias que atravesaban situaciones similares. “Un montón de padres me empezaban a preguntar cómo se sueldan dos bicicletas, dónde se consigue un tándem”, explicó.
Sin embargo, encontraron una dificultad: en Argentina se conseguían principalmente bicicletas tándem de hierro, mucho más pesadas, mientras que no había empresas interesadas en desarrollar modelos de aluminio que permitieran un uso más accesible.
Para Zemborain, allí apareció una cuestión fundamental: la inclusión requiere equidad. “Para que haya inclusión tiene que haber equidad y para eso hay que pedalear en bicicletas acordes a los tiempos de hoy”, sostuvo.

Ante la imposibilidad de fabricar localmente este tipo de bicicletas de aluminio, decidieron comenzar a importarlas y crearon Empujando Límites, que pasó de ser un proyecto familiar a convertirse en una asociación civil dedicada a facilitar el acceso a estos rodados.
El proyecto comenzó a crecer y permitió que muchas personas pudieran acceder a una bicicleta tándem. “Hoy, después de ya muchos años de estar empujando, ya logramos importar 100 bicicletas que ya las donamos hasta el año pasado”, señaló.
Durante 2026, la iniciativa sumó otras 25 bicicletas donadas, alcanzando un total de 125 unidades. El objetivo, sin embargo, es seguir creciendo y llegar a las 200 bicicletas.
Las donaciones se realizan bajo determinadas condiciones para garantizar que los rodados continúen cumpliendo una función comunitaria. Entre ellas se encuentran el uso del casco, el mantenimiento de las bicicletas, compartirlas con otras personas y promover su utilización.
Mientras tanto, Santi continúa pedaleando. Actualmente tiene 23 años y acumula 32 mil kilómetros recorridos junto a su padre. “Vamos a las carreras, vamos a los cicloturismos”, contó Juan, quien remarcó que la propuesta está abierta a personas de distintas edades.
Fuente: Rafaela Noticias




