La brecha de ingresos entre los distintos sectores sociales se profundizó en la Argentina y la clase media enfrenta un escenario cada vez más complejo. Los datos correspondientes al primer trimestre de 2026 muestran una marcada distancia entre los hogares de menores ingresos y los sectores de mayor poder adquisitivo.
La estructura analizada divide a la sociedad argentina en cinco segmentos: clase baja, clase baja superior, clase media baja, clase media alta y clase alta. Los tres primeros concentran el 78% de los hogares, mientras que los sectores de mayores ingresos se encuentran cada vez más alejados del resto.
Ingresos y clases sociales
Dentro de los sectores de menores ingresos, la clase baja en situación de pobreza representa alrededor del 21% de los hogares, con un ingreso mensual neto que parte de los 900.000 pesos.
Por encima se encuentra la clase baja superior, que representa aproximadamente el 31% de los hogares. Para superar el umbral de la pobreza se requiere un ingreso cercano a 1.400.000 pesos, mientras que el ingreso promedio de este segmento ronda los 1.950.000 pesos mensuales por hogar.
En el caso de la clase media baja, el ingreso promedio se ubica alrededor de los 2,5 millones de pesos, aunque continúa siendo un sector con un elevado nivel de vulnerabilidad económica.
En el otro extremo, la diferencia se vuelve considerable. El ingreso promedio de la clase media alta ronda los 5,5 millones de pesos, más del doble que el registrado en la clase media baja. A su vez, dentro de la clase alta se observan ingresos promedio que pueden superar ampliamente los 7,5 millones de pesos mensuales, llegando en determinados hogares a valores cercanos a los 12,5 millones.
Trabajadores pobres y una clase media cada vez más vulnerable
La situación también se refleja en el mercado laboral. Con salarios netos promedio cercanos a 1,5 millones de pesos, una parte importante de los trabajadores se encuentra dentro de los sectores de clase baja superior o clase media baja.
Esto implica que tener un empleo formal ya no garantiza necesariamente alcanzar condiciones económicas asociadas tradicionalmente con la clase media. El fenómeno de los trabajadores pobres se convirtió en uno de los principales indicadores de la pérdida de poder adquisitivo.
La clase media, históricamente vinculada al consumo, el comercio, las pequeñas y medianas empresas y la generación de empleo, aparece cada vez más fragmentada entre un sector medio alto que logra despegarse y una mayoría que enfrenta mayores dificultades para sostener su nivel de vida.
Empresas con dificultades y menor capacidad para pagar salarios
El problema de los ingresos no afecta únicamente a los hogares. También alcanza a empresas y comercios, que enfrentan dificultades para mejorar los salarios debido a la caída de las ventas y al aumento de los costos.
La apertura importadora y el incremento de determinados costos medidos en dólares generaron dificultades de competitividad para distintos sectores productivos. En este contexto, las empresas tienen menos margen para aumentar los salarios, mientras que los trabajadores necesitan mayores ingresos para afrontar sus gastos.
Esta situación genera un círculo complejo: menores ventas, empresas con dificultades para incrementar salarios y trabajadores con menor capacidad de consumo.
El endeudamiento de las familias
La pérdida de poder adquisitivo también está relacionada con el crecimiento del endeudamiento de los hogares. Muchas familias recurrieron al crédito para cubrir gastos cotidianos y compensar la insuficiencia de sus ingresos.
La expectativa de que se tratara de una situación transitoria llevó a numerosos hogares a asumir nuevas obligaciones financieras. Sin embargo, la persistencia de la inflación y el aumento de determinados costos volvieron a deteriorar los ingresos reales y dificultaron el cumplimiento de esas deudas.
De esta manera, la morosidad de las familias aparece estrechamente vinculada con el deterioro de los salarios y la pérdida de capacidad de compra.
Una economía marcada por la distancia entre sectores
El escenario configura una sociedad con una creciente distancia entre los extremos. Mientras una parte de la población logra mantener ingresos elevados y alejarse del promedio, una mayoría se concentra en sectores de menores recursos.
La evolución de los ingresos muestra además una reducción del peso relativo de la clase media y un crecimiento de los sectores más vulnerables. En particular, la clase baja pasó de representar alrededor del 19% al 21% de los hogares.
El desafío, en este contexto, pasa por recuperar el poder adquisitivo, mejorar las condiciones de los trabajadores y generar un escenario que permita a las empresas aumentar sus niveles de actividad y remuneraciones.
La evolución de los ingresos durante los próximos meses será clave para determinar si esta tendencia hacia una mayor polarización social continúa profundizándose o si comienzan a aparecer señales de recuperación para los sectores medios.
Fuente: Rafaela Noticias





