El 29 de julio de 1966, un mes después de haber derrocado al presidente constitucional Arturo Umberto Illia, el dictador Juan Carlos Onganía promulgó el decreto ley 16.192. La normativa puso fin a la autonomía universitaria y transfirió la dependencia de las casas de altos estudios al Ministerio del Interior.
Las autoridades universitarias, encabezadas por el rector de la Universidad de Buenos Aires (UBA), Hilario Fernández Long, junto a docentes y estudiantes, resolvieron no acatar la medida y concentrarse en las sedes académicas para debatir acciones de resistencia.
La irrupción policial en las facultades
Durante la noche de esa misma jornada, efectivos de la Policía Federal al mando del general Mario Fonseca desplegaron la denominada «Operación Escarmiento» en la sede de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, ubicada en la Manzana de las Luces, y en la de Filosofía y Letras.
Las fuerzas de seguridad ingresaron mediante el uso de la fuerza y gases lacrimógenos, obligando a docentes, estudiantes y graduados a desalojar los edificios atravesando una doble hilera de agentes que los golpearon con bastones y culatas de fusiles.
Entre los agredidos se encontraron el decano de Exactas, Rolando García, herido en una mano, y el vicedecano Manuel Sadosky. A su vez, docentes extranjeros como el matemático estadounidense Warren Ambrose presenciaron y sufrieron el violento operativo.
Renuncias masivas y vaciamiento científico
Tras la represión física y la posterior intervención de las facultades bajo la conducción de Luis Botet, la comunidad académica respondió con dimisiones masivas en las diferentes carreras de la UBA.
En la primera semana de agosto de 1966 se registraron un total de 1.378 renuncias docentes. Los sectores más afectados fueron Exactas y Naturales con 391 dimisiones, Filosofía y Letras con 305, Arquitectura con 268 e Ingeniería con 180 bajas.
El vaciamiento derivó en el desmantelamiento de institutos de investigación vinculados a la ecología, programas meteorológicos, cálculo aplicado a empresas estatales y la paralización de Clementina, la primera computadora científica del país instalada en 1961.
Fuente: Rafaela Noticias







