El debate sobre el uso de celulares en las escuelas vuelve a instalarse con fuerza. Un nuevo informe de Argentinos por la Educación revela que 6 de cada 10 estudiantes argentinos de 3° grado de primaria, de alrededor de 8 años, ya tienen un teléfono celular propio, mientras que solo el 18% no tiene acceso a un dispositivo.
En diálogo con Santa Fe Noticias, la investigadora del CONICET e integrante de Argentinos por la Educación, Andrea Goldin, explicó que el estudio tomó como base los datos de las pruebas Aprender 2024 y puso el foco en una pregunta puntual: si los alumnos de tercer grado tenían un celular propio o utilizaban el de algún familiar.
«Lo que encontramos es que el 59% de los chicos de ocho años tiene un celular propio y, del resto, más del 20% utiliza el celular de algún integrante de su familia. Esto significa que ocho de cada diez chicos de esa edad usan un celular», detalló.
Goldin aclaró que la presencia temprana de estos dispositivos no debe interpretarse necesariamente como algo negativo, ya que constituyen herramientas útiles para la comunicación, la creatividad y el acceso a la información. Sin embargo, advirtió que el uso intensivo también puede generar efectos similares a los observados en adultos.
«Sabemos que los celulares pueden favorecer la comunicación y la creatividad, pero también hay evidencia de que producen problemas de atención, concentración y dificultad para sostener el foco. En Argentina todavía no contamos con estudios específicos en niños tan pequeños, aunque sí existe evidencia internacional», sostuvo.
El informe también analiza las políticas de prohibición del uso de celulares dentro de las escuelas. Según Goldin, la revisión de estudios internacionales muestra que no existe evidencia concluyente de que prohibir los teléfonos mejore el rendimiento académico.
«Hay algunos casos puntuales donde estudiantes con bajo rendimiento mejoran un poco cuando se restringe el celular, pero en términos generales no se observan mejoras significativas en los aprendizajes ni tampoco disminuye el tiempo que los chicos pasan con el celular fuera de la escuela», explicó.
En ese sentido, la especialista consideró que el debate no debería limitarse únicamente a prohibir los dispositivos.
«Si se prohíben los celulares, aquellos estudiantes que no están interesados en la clase encontrarán otra forma de distraerse. El problema no desaparece. Las escuelas tienen una enorme oportunidad para enseñar a usar estas herramientas de manera crítica y responsable», afirmó.
Goldin también remarcó que hace falta fortalecer la formación docente y promover una educación digital que involucre a toda la comunidad.
«No alcanza con enseñar a usar técnicamente un celular. Hay que enseñar cómo funcionan las aplicaciones, cómo capturan nuestra atención, por qué es tan difícil dejar de mirar la pantalla y cómo aprovechar todo su potencial sin caer en sus efectos negativos. También los adultos debemos revisar nuestros propios hábitos, porque los chicos aprenden de nosotros», expresó.
Respecto de la situación en el país, recordó que menos de la mitad de las 24 jurisdicciones argentinas cuentan con regulaciones sobre el uso de celulares en las escuelas, con normas que varían entre provincias. Para la investigadora, sería deseable avanzar hacia criterios comunes acordados en el Consejo Federal de Educación.
En el caso de Santa Fe, la provincia presenta niveles de tenencia de celulares levemente superiores al promedio nacional.
«Santa Fe está un poquito por encima de la media del país. Alrededor del 62% de los chicos de ocho años ya tiene un celular propio», precisó Goldin.
El informe concluye que la regulación del uso de celulares puede contribuir a disminuir las distracciones dentro de las aulas, pero que el verdadero desafío es enseñar un uso responsable de la tecnología y aprovechar su potencial educativo.





