El deterioro en la capacidad de pago de las familias argentinas volvió a encender una señal de alerta. De acuerdo con datos del sistema financiero correspondientes a mayo, la morosidad en créditos personales y tarjetas de crédito registró un nuevo incremento, dejando a casi 7 millones de personas sin posibilidad de acceder a nuevos préstamos bancarios.
El crecimiento del incumplimiento en los pagos se da en un contexto de fuerte presión sobre los ingresos de los hogares, donde el mayor costo del financiamiento y la pérdida del poder adquisitivo dificultan el cumplimiento de las obligaciones financieras.
Las entidades financieras utilizan distintos indicadores para evaluar el riesgo crediticio de los clientes. Cuando una persona registra atrasos prolongados o incumplimientos reiterados, su calificación se deteriora y queda limitada o directamente excluida del acceso a nuevos créditos, tarjetas o refinanciaciones.
Según las cifras difundidas, el número de personas con una situación crediticia que les impide obtener financiamiento continúa creciendo y ya alcanza a cerca de 7 millones de argentinos. Esta situación impacta especialmente sobre quienes necesitan crédito para afrontar gastos de consumo, inversiones personales o situaciones imprevistas.
Especialistas advierten que el aumento de la morosidad refleja el deterioro de las finanzas familiares y representa un desafío para el sistema financiero, que endurece sus criterios de evaluación ante el incremento del riesgo de incobrabilidad.
Mientras tanto, el acceso al crédito formal se vuelve cada vez más restringido para un amplio sector de la población, lo que en muchos casos impulsa la búsqueda de alternativas de financiamiento con costos más elevados o en circuitos no bancarios.





