Este lunes 30 de marzo, la localidad de San Cristóbal y la República Argentina se vio conmocionada por un asesinato en la Escuela Mariano Moreno de esa ciudad santafesina. Un menor de 15 años mató a otro de 13, identificado como Ian Cabrera, apenas unos minutos después de que los estudiantes arribaran a la institución para el comienzo de las clases.
A partir de allí, reinó el temor y la desesperación entre docentes y chicos y chicas que se encontraban en el establecimiento. Además del fallecido, se registraron dos heridos de consideración que fueron derivados al Hospital Regional “Jaime Ferré”, uno de ellos luego trasladado al Hospital Alassia de Santa Fe, y otros seis que fueron dados de alta en San Cristóbal.
Más allá de este hecho puntual, no previsto por nadie, es posible remontarse apenas unos meses atrás a otro episodio de extrema violencia que terminó con una menor gravemente herida en esa ciudad. Los agresores, también menores de edad.
Delfina, de 15 años, fue salvajemente atacada por cinco personas, quienes le desfiguraron el rostro el primero de enero de 2026. En aquella ocasión, Rafaela Noticias había dialogado con su madre, quien aseguró que desde hacía meses la joven era amenazada y acosada, tanto en espacios públicos como en redes sociales.
“La intención principal era cortarle el cuello. La querían matar”, había declarado a este portal.
El contexto también se dio en medio de otro homicidio: el de Jeremías Monzón, de 15 años, quien fue apuñalado 23 veces por otros tres menores el 18 de diciembre de 2025, apenas unos días antes del ataque a Delfina.
Rafaela no quedó al margen de estos sucesos. Ese mismo día de diciembre, Lucas Suárez, de 22 años, fue asesinado por la espalda por otro menor.
Luego de estos hechos, se impulsó la ley de baja de imputabilidad. El nuevo régimen, que reduce la edad a 14 años, ya fue aprobado, pero entrará en vigencia recién dentro de 180 días, por lo que el agresor de San Cristóbal no puede ser sometido a un proceso judicial bajo esa normativa.
Más allá de estos episodios, muy diferentes entre sí, surgen interrogantes: ¿cuántas peleas, acoso o bullying se ven a diario en las escuelas? ¿Cuántas veces Rafaela Noticias ha difundido agresiones entre menores de edad? ¿Son hechos completamente aislados o los adolescentes han naturalizado estas conductas?
El análisis es complejo de abordar en cada caso. Así como un estudiante puede ser aplicado y no dar indicios de una conducta violenta, también se puede poner el foco en aquellos que provienen de contextos vulnerables, donde pueden existir antecedentes de violencia y que luego terminan concretando amenazas, o situaciones cercanas a ello, como en el caso de Delfina.
La tragedia ocurrió. Si pudo haberse previsto este hecho puntual será materia de análisis de los equipos especializados. Como sociedad, resulta necesario abordar estos casos para extraer conclusiones que contribuyan a prevenir la violencia entre adolescentes, cualquiera sea la razón detonante.






