Con la incorporación de una canasta basada en la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares 2017/2018, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) tendrá una estructura renovada que redefine cómo se mide la inflación en la Argentina. La principal novedad es el mayor peso de los servicios, en un escenario donde las tarifas y los gastos fijos ocupan una porción cada vez más importante del presupuesto familiar.
El rubro Vivienda, agua, electricidad y combustibles pasa a tener una incidencia significativamente mayor dentro del índice, consolidándose como uno de los factores centrales en la evolución de los precios. Algo similar ocurre con Transporte, impulsado por el costo de los combustibles y del transporte público, en un contexto de ajustes tarifarios.
Otro de los cambios relevantes se observa en Comunicaciones, cuya participación crece con fuerza debido al papel central que hoy ocupan la telefonía móvil y el acceso a internet, servicios con fuerte influencia del dólar. También aumentan su incidencia Educación y Salud, elevando el impacto de cuotas escolares, medicamentos y planes de medicina prepaga en la medición general.
En contrapartida, Alimentos y Bebidas reducen su peso relativo dentro del IPC, aunque continúan siendo el rubro individual más importante. La misma tendencia se registra en Indumentaria y calzado, así como en Recreación y cultura, reflejando una reorganización del gasto de los hogares frente al aumento de los costos esenciales.
Esta actualización modifica la lectura de la inflación: el índice será ahora más sensible a los aumentos de tarifas y al tipo de cambio, menos dependiente de factores climáticos que afectan a los alimentos y, al mismo tiempo, más rígido a la baja, debido al peso creciente de servicios regulados o indexados.







