Con un calendario sin pausa y el horizonte cada vez más nítido, la Selección Mayor Femenina atraviesa un año que invita a mirar lejos, a soñar en grande y a afinar cada detalle del presente ante la posibilidad de participar de la Copa del Mundo de Alemania, cuya competencia está previa del 3 al 14 de septiembre.
Sin embargo, el punto de inflexión aparecerá unos meses antes cuando se pongan en juego los últimos boletos disponibles. El primer gran desafío será el Torneo Clasificatorio C en Estambul, Turquía, del 11 al 17 de marzo. Allí, Argentina compartirá zona con Australia, Canadá, Japón, Hungría y el anfitrión, con un exigente formato de todos contra todos – cinco partidos por equipo- y un margen de error mínimo. El certamen otorgará tres plazas directas a la Copa del Mundo, excluyendo a Australia ya que se encuentra clasificada por su título en la AsiaCup.
El estreno será frente a ese mismo seleccionado, mientras que el jueves 12 de marzo el cruce será ante Turquía. Luego de una jornada de descanso, la albiceleste se medirá con Canadá; el domingo 15 frente a Hungría y cerrará su participación el martes 17 ante Japón. Una secuencia intensa, con rivales de estilos diversos, que pondrá a prueba la solidez colectiva y la capacidad de adaptación del equipo.
En paralelo, el mapa global se completa con Lyon-Villeurbanne (Francia), San Juan (Puerto Rico) y Wuhan (China), todas con experiencia reconocida en la organización de eventos internacionales de primer nivel. En conjunto, estos torneos otorgarán 11 plazas, que se sumarán a las cinco selecciones ya clasificadas: Alemania (por su condición de anfitriona), y los campeones continentales como Estados Unidos, Australia, Bélgica y Nigeria.
Tras esa intensa ventana de marzo, el calendario ofrecerá otro momento interesante. El 21 de abril se realizará el sorteo de los grupos, una instancia que empezará a darle forma definitiva a la Copa del Mundo.
Para la Selección, la ilusión tiene raíces profundas. El objetivo es volver a un Mundial y alcanzar la décima participación en la historia, algo que no sucede desde Tenerife 2018 (España). De aquella experiencia permanecen cuatro nombres que ya son parte del ADN nacional: Melisa Gretter, Agostina Burani, Andrea Boquete y Macarena D’Urso, una columna vertebral construida a lo largo de los años y sostén del proyecto actual. Ese núcleo fue protagonista del cuarto puesto en la AmeriCup 2025 de Santiago de Chile, un resultado que ratificó vigencia y ambición nacional.
A su alrededor, el proceso fue sumando energía y versatilidad con Diana Cabrera, Florencia Chagas, Victoria Gauna, Candela Gentinetta, Florencia Martínez, Julieta Mungo, Delfina Saravia y Amaiquén Siciliani, dentro de un trabajo que comenzó muchos meses antes en Buenos Aires y que también incluyó a Gisel Botta, Luciana Delabarba, Sol Depetris, Julia Fernández, Natassja Kolff y Nerea Lagowski, siempre con Gregorio Martínez como Head Coach de la Mayor.
Con tiempo de preparación, una base experimentada y un recambio que aporta energía y variantes, la Selección Femenina se encamina hacia uno de los desafíos más exigentes del ciclo. Estambul será la prueba inmediata; el Mundial es el gran anhelo.





