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Rafaela: de la pileta climatizada al río turbulento

¿Por qué nuevamente se repiten las caras conocidas en la grilla electoral que se propone para el 2023? Una pregunta inquietante para una ciudad que necesita proyectarse con vigor hacia el futuro.

25/04/2023
Rafaela: de la pileta climatizada al río turbulento
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Como ya ocurrió en el 2019, está fuera de duda que en el turno electoral del 2023 habrá dos contendientes que ocuparán el centro del escenario en la disputa por la intendencia. Como hace 4 años, Luis Castellano y Leonardo Viotti volverán a verse las caras. Aunque puedan ir apareciendo otros nombres, serán un «relleno» necesario para completar la oferta electoral a derecha e izquierda, pero está fuera de discusión que el intendente en ejercicio y la principal referencia de la oposición serán los únicos en condiciones de aspirar a un mandato al frente del despacho central de la ciudad.
La primera lectura objetiva de esa realidad es que la política rafaelina es un ámbito donde muchos hablan pero pocos mueven. No hay recambio. No aparecen, ni por impulso propio ni por proyección dirigencial desde otros ámbitos, figuras que sean capaces de eclipsar a los que ya están y quieren seguir estando. Es un dato preocupante. No porque debamos esperar que salte a la política un empresario brillante, un dirigente de club que impresione por sus logros o un genio emprendedor que se transforme en un unicornio partidario.
Rafaela tuvo grandes intendentes -alcanzan los dedos de una mano-que marcaron a la ciudad en los últimos 70 años. Pero no hubo un Faustino Ripamonti, un Luis Fasoli, un Armando Williner, un Edison Valsagna -por citar a íconos empresarios-, o un Juan Báscolo (para hablar del ámbito deportivo) que se le animaran al potro municipal. No. Ninguno fue intendente y probablemente nunca se les cruzó por la cabeza esa idea. Lo que hubo fueron instituciones fuertes, vigorosas, que conformaron ese «círculo rojo» virtuoso del que se nutren necesariamente las comunidades para formar a sus mejores dirigentes.
Esas instituciones solían ser una escuela de dirigentes. O más aún: eran las que «veían» potencial en alguien y lo fortalecían. Que no significa darle plata para las campañas y usarlo: no, es mucho más. Es ponerle la camiseta en el buen sentido. Es darle las herramientas -en formación, en valores, en vinculaciones- y la perspectiva de largo plazo que el dirigente necesita para que, llegado el caso, tenga incorporada la capacidad de saber dónde está el eje de los problemas de la comunidad y por dónde va el camino más apropiado para encontrar las soluciones exigidas.
Hoy la escuela de los dirigentes políticos que van a elecciones es el Estado. Se milita pensando en la recompensa antes que en la vocación y el servicio. La consecuencia está a la vista: aumenta la distancia entre lo que expresan los «políticos» con cargos, y lo que demanda la comunidad. No sorprende: si siempre nadaste en la pileta, cuando te mandan al río probablemente no sepas enfrentar las corrientes, ni te banques la temperatura del agua. Podés ser joven, vigoroso, gran fondista de pileta. Pero en el río vas a tragar agua, barro y si zafás de ahogarte podés darte por hecho. Los dirigentes de la ciudad se acostumbraron a la pileta. Es cómoda y nadan siempre los mismos.
Si la política no es más que el reflejo de lo que la sociedad en su conjunto puede expresar, sobresale nítidamente un horizonte de mediocridad que, cuando menos, debería ser tema de discusión puertas adentro de las instituciones. Autocrítica se necesita. De vez en cuando aparece algún comunicado institucional fustigando a la clase política por tal o cual medida, o por la falta de respuestas a reclamos de larga data. Alguno se entusiasma con el teclado y hasta la declaración puede tener un tono incendiario. Tranquilizan conciencias, propias y del entorno. «Miren que nosotros avisamos». Pero aún el que avisa puede traicionarse así mismo. Por la razón que fuera, hoy las instituciones de Rafaela no proyectan cuadros propios a la política. Porque tampoco los tienen.
¿Y qué hay, entonces, dentro de las instituciones? ¿Nadie se ha formado? Sí, hay capital humano valioso. Hay personas con muy buenas intenciones e incluso con capacidades excelentes para dar el salto a la «cosa pública». ¿Por qué no lo hacen? ¿No les hacen lugar? ¿No quieren embarrarse en el fango de las responsabilidades públicas, donde hay que lidiar con ignorantes de todo calibre, con las zancadillas de los mediocres y con la brutalidad impune de las redes sociales? ¿Están demasiado encerrados en la supervivencia dentro de sus propias piletas y tampoco se le animan a la natación en aguas abiertas? ¿Muestran físico pero son sólo nadadores en piscinas climatizadas?
Son preguntas metafóricas en la búsqueda de la respuesta a un interrogante clave: ¿siempre hay que elegir a los mismos? ¿Será que es cierto eso de que los principales referentes políticos rafaelinos son como los eucaliptos, no les crece nada alrededor? Castellano va por su cuarto turno al frente del Ejecutivo Municipal. Viotti ya tiene dos mandatos de concejal en la espalda y va por su segundo intento de ser intendente, con apenas algo más de 30 años. Mársico, que juró sobre el código electoral que no intentaría un tercer mandato de concejal hoy ya no descarta presentarse otra vez. En estas horas reapareció Lalo Bonino. ¿Equipos? El que existe a la vista ya lo tenemos medido y calibrado. El resto, te lo debo. Los «nuevos» huelen el confort de la pileta climatizada y prefieren no pensar que en el río los esperan el barro, las corrientes y los mosquitos -si es posible, con dengue- de los arrabales desconocidos.
Ninguna ciudad que se precie de cuidar su futuro puede darse el lujo de no renovar sus cuadros dirigentes -en todos los ámbitos- con un salto de calidad que la acomode en el trazado de las líneas estratégicas que la preparen para darle respuestas al vecino que quiere luz en el barrio, pavimento en la calle, cloacas para el baño, gas para calentarse y esperanzas de algo mejor para los hijos y nietos que le ponen cuerpo y caras al porvenir.

 

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