Con cuatro homicidios en menos de doce horas el Rosario cerró su año más violento en materia de criminalidad. Hasta la noche del sábado 31 de diciembre se contaban al menos 287 asesinatos en la ciudad y el resto de las localidades del departamento, donde todavía hay casos cuya mecánica se investiga o aún no se han establecido las causas de los decesos.
La cifra supera holgadamente los 264 (o 271, según estimaciones posteriores del gobierno provincial) de 2013 pero, más allá de los conteos, el año que acaba de terminar mostró en materia de crímenes una ferocidad inusitada; tanto en el asesinato de al menos 60 mujeres —el triple de la media en la última década— como de 34 niños y adolescentes menores de 18 años se observaron escenas dantescas que alcanzaron su máxima expresión de maldad con la ejecución de tres niños y niñas que estaban con sus padres al momento de ser ejecutados en los tres triples homicidios registrados en el primer semestre.
A tono con el vértigo de 2022, año en el que se cruzaron varias barreras en cuanto a la ejecución de los homicidios el último día del calendario ofreció en doce horas hechos diversos pero con antecedentes similares a los observados durante el período: el crimen de un muchacho del que poco se sabe porque en el vecindario nadie quiere hablar al respecto, un doble crimen (suman 20 los hechos de asesinatos con más de una víctima) en el que se mezclan la pobreza extrema y el narcomenudeo, y el crimen de una mujer sobre el cual hasta ayer no habían trascendidos muchos detalles.
Los tres hechos con cuatro muertos registrados entre las 4.30 y las 16 del sábado tuvieron lugar en distintos puntos de la zona sur donde también se habían registrado previamente homicidios.
“Si hablás te matan”
Las circunstancias en las que Maximiliano Julián Cáceres fue asesinado no estaban del todo claras la tarde del sábado. El muchacho de 33 años fue herido de un balazo en el abdomen cerca de su domicilio de Lituania y Moliere, en el barrio Saladillo Sur, donde se había criado.
El muchacho intentó llegar hasta su casa pero cayó tendido en la calle unos metros antes. Algunos vecinos lo vieron y lo ingresaron en la casa mientras llamaban al 911. Al lugar llegó una ambulancia del sies que llevó a Cáceres hasta el Hospital Roque Sáenz Peña, donde murió pasadas las 4.30 del sábado. Según relató un familiar que lo acompañó, había salido de su casa la noche del viernes sin dar cuenta de adónde iría.
El gabinete criminalístico de la Agencia de Investigación Criminal (AIC) llevó a cabo, por orden del fiscal de Homicidios Ademar Bianchini, el relevamiento de la escena del crimen y además tomó testimonio a los habitantes del lugar a fin de determinar cómo fue baleado Cáceres. Además, se procedió al relevamiento de las cámaras se seguridad tanto públicas como privadas de la zona para intentar identificar a los autores del crimen. La tarde del sábado su padre estaba en la misma casa en que Maximiliano intentó refugiarse. “No quiero hablar, no es por miedo sino por que tuvimos muchos problemas”.
Tampoco quiso explayarse mucho Marcelo, un hermano de la víctima, que se encontraba debajo de un árbol junto algunos amigos del fallecido y a pocos metros de donde le habían disparado a Maxi. “Lo que pasó ya pasó. No quiero hablar por que después vienen y te balean a vos. Mi hermano no tenía broncas anteriores, pero mejor no hablar. Estoy muy mal”, comentó el muchacho, que se presentó como músico que canta cumbias.
“Esto es así, si hablas también te matan”, completaron algunos amigos de Maximiliano que dejaron entrever una situación ligada al narcomenudeo y las bandas del barrio.
Bajan del caballo
A las 9 de la mañana del sábado Ulises Insaurralde tomaba mate con su pareja, Celeste, en el terreno de su casa de chapa de Piemonte al 2300. Un hermano del joven de 21 años apodado “Gaucho” se encontraba con ellos entre la basura acumulada y unos carros de cirujeo. Minutos después pasó por allí Sergio David Villanueva, un chico de 18 conocido como “Checho” o “Ezequiel”. Entonces Gaucho le pidió a Checho que lo acompañara hasta el barrio Las Flores a buscar al hijo de Celeste, que estaba con un familiar.
Ambos jóvenes montaron en el caballo de Gaucho y arrancaron por una calle interna del barrio que lleva directo a Las Flores. Pero en el camino, luego de traspasar una toma de agua y al llegar a un descampado, al menos dos personas los sorprendieron a los tiros: les dispararon cuatro veces y los hicieron caer del caballo; entonces se acercaron y los apuñalaron.
La imagen que relató un vecino que, además, escuchó los disparos fue dantesca: los dos cuerpos ensangrentados y desparramados sobre la calle de tierra y el caballo a un costado, esperando por su dueño.
La escena se desarrolló en uno de los sectores más humildes del barrio Puente Gallego, en el extremo sur de Rosario, a un costado de la avenida Ovidio Lagos antes de convertirse en la ruta 18. Villanueva estaba domiciliado en Camino Viejo a Soldini y las vías, a unas veinte cuadras de donde lo mataron. Ulises era oriundo de Las Flores y hacía dos años que vivía junto a su pareja en Piemonte al 2300.
Según pudo reconstruirse de acuerdo al testimonio de los pocos vecinos que hablaron este diario, las dos víctimas no estaban armadas y al parecer era Ulises a quien buscaban los agresores y al cual al parecer habían amenazado. “El Gaucho y estos pibes se conocían, pero hace unos meses hubo una bronca, no se sabe cuál. Hace un par de meses dos pibes llegaron en una moto Titán Roja a la casa del Gaucho y la balearon”, recordó un vecino.
Esos “dos pibes” podrían ser dos primos identificados como Gastón y Axel “Negro” R. Ambos están sindicados en el barrio como vendedores de drogas de una pequeña banda afincada en Las Flores
Cuando llegaron al barrio los primeros policías a partir de un llamado al 911, algunos vecinos sindicaron a dos sospechosos que se ocultaban en una vivienda que tenía en el frente una imagen del Gauchito Gil. El dato complicaría la búsqueda porque en varias de las casas del barrio hay estatuas, pinturas e imágenes como esa, por lo cual los uniformados ingresaron en varias casas buscando a los sospechosos, lo que despertó cierto malestar en la barriada.
En ese marco fue localizado uno de los primos: Axel Uriel R., de 17 años, apareció corriendo junto con otro hombre por una calle lateral mientras familiares de las víctimas los seguían para agredirlos. Entre piedrazos e insultos, la policía se llevó detenidos al adolescente y principal sospechoso —quedó detenido a disposición de la jueza de Menores Erica Rueda— y a un hombre de 37 años identificado como Juan Carlos D. quien no tendría vínculo con el doble homicidio.
Una mujer
El último homicidio del año fue el de una mujer, Carolina Núñez. La joven de 30 años fue baleada el sábado a la madrugada, alrededor de las 4.30, en inmediaciones de su vivienda de Campbell y Rivero pero falleció durante la tarde del mismo día, sobre las 16.10, en el Hospital de Emergencias Clemente Alvarez (Heca) donde estaba gravemente herida.
Por lo poco que pudo saberse hasta anoche acerca del asesinato, Carolina fue levantada de la calle en la zona de un asentamiento de Rivero y Campbell, en el barrio Moderno de la zona sudoeste. La víctima tenía tres heridas de bala, una en el hombro derecho, una en el tórax y otra en la cadera derecha.
Tras recibir los balazos, fue derivada al Heca con múltiples heridas. Las primeras medidas para la investigación de la fueron ordenadas por el fiscal de Homicidios Ademar Bianchini, quien ordenó al personal del gabinete criminalístico la toma de testimonios y el relevamiento de cámaras en la zona. En principio se halló una bala que podría servir para aportar datos a la investigación.
A la espera
En este marco el año 2022 cerró como el más violento de la historia con al menos 287 homicidios, ya que aún resta establecer cómo se encuadran algunos casos donde se puedan presentar dudas. Estas pueden tener que ver con las causas de la muerte de las víctimas que no se establecieron.
O cuestiones de enfoque por resolver como el caso de Candelaria Enrique, la nena de 5 años que el 25 de diciembre murió alcanzada por una bala perdida en los festejos de Nochebuena. Históricamente estos casos fueron considerados homicidios culposos o preterintencionales ya que se presume que quien disparó el proyectil mortal no lo hizo con la intención de matar a alguien. Sin embargo el hecho es investigado hasta el momento como un homicidio doloso por decisión de la Fiscalía de Homicidios del Ministerio Público de la Acusación (MPA).






